martes, 3 de junio de 2008
Y de nuevo, Bach
¿Una versión más de las suites para cello solo de Bach?
No, qué va. En cuanto suene la música se darán cuenta de que no es otra versión parecida a otras muchas anteriores.
Las suites de Bach representan, y se ha repetido hasta la saciedad, la cumbre de la música escrita para cello. Son puro esqueleto, pura y desnuda estructura musical, que esconden sin embargo bajo su armazón una fuerza vital impregnada de ritmo y melodía. Difíciles, muy difíciles. Hermosas. Perfectas. El cello se pliega a la música y añora, canta. Acostumbrado a ser "bajo continuo" y soporte de otros, el más bello instrumento de cuerda y con el sonido más parecido a la voz humana, es esta vez protagonista total y adquiere con esta partitura libertad plena.
Y en las manos de este cellista francés Jean-Guihen Queyras de 38 años, el instrumento fabricado por Gioffredo Cappa en 1696 pero con un montaje plenamente moderno, es capaz de regalarnos increíbles matices. No soy especial entusiasta de los instrumentos de época o historicistas (¡qué mal se adaptan a veces las palabras a los conceptos representados!), pero tampoco me considero detractora; no lo soy. Dichas versiones son importantes para intentar acercarse al sonido real de la época, para saber cómo sonaría una determinada pieza en pleno barroco, por ejemplo. Es digna de respeto y tiene mérito notable la tarea de investigación realizada por músicos, (instrumentistas y directores), muchos de ellos también musicólogos, para dar a conocer versiones originales (el término se queda de nuevo corto). Debo confesar, sin embargo, que me suelen gustar más las interpretaciones realizadas con instrumentos modernos. Son más elaborados y perfectos técnicamente, con lo que admiten modulaciones y riqueza de sonido de la que carecen sus "antepasados" barrocos, renacentistas o medievales. En la versión que traigo hoy, el instrumento moderno se agradece especialmente. Queyras, que durante años ha tocado con cellos barrocos, nos ofrece ahora toda la plástica musical que sólo un instrumento de esas características puede generar.
Y su interpretación es delicadeza, expresión, elegancia y sentimiento en su justa medida, pero también firmeza, sobriedad y un absoluto rigor interpretativo. Y es también una gran precisión técnica. Así, esta obra maestra del repertorio del cello adquiere, aunque parezca mentira, matices nuevos en una interpretación respetuosa y al tiempo renovada y fresca. No es fácil que un intérprete relativamente joven aúne maestría técnica y pathos a partes iguales y con generosidad. Queyras es capaz y lo demuestra.
Me ha gusto mucho la audición; mucho. Pero lo que yo pueda decir se queda corto, de modo que les he traído imagen y sonido para que juzguen (mental o emocionalmente; eso es cosa suya) por Vds. mismos.
La grabación de imagen fue realizada por Benjamin Krieg en marzo de 2007, en la iglesia protestante de St. Cyriak de Sulzburg (Bade-Wurtemberg). Queyras interpreta el Preludio y la Allemande de la suite nº 3 - BWV 1009. He encontrado este vídeo en youtube y a él me remito por aquello de que esta condesa cree firmemente en los derechos de autor y subir alguna grabación a Internet siempre le crea un cierto remordimiento. Tengo que confesarles sin embargo que si no lo hubiese localizado ya manufacturado, yo misma lo habría editado y subido con estas manitas porque, dado el precio que me han cobrado por el producto original, les aseguro que me siento con la autoridad moral suficiente como para colgarlo en la red y que mis amigos puedan disfrutarlo.
Tras la vista, el oído. El registro sonoro se realizó en igual fecha y lugar, para Harmonia Mundi. Aquí les dejo la grabación de la suite nº 6, BWV 1012. Como no he sido capaz de decidirme entre la Courante y la Zarabanda, les dejo las dos; así contentamos a los de alma ligera y a los de espíritu solemne.
[Novedades en Boomp3 y no sé cuánto durará. Si se accede a la página a través del enlace que les dejo en el reproductor de esta entrada, se puede descargar la pieza o canción desde la red]
Después de la tarde musical y de este artículo, les aseguro que me marcho a dormir relajada, tranquila, con buen ánimo... y ¡tarde, muy tarde!
Que la música de Bach mañana les ilumine y serene el día.
Buenas noches.
sábado, 31 de mayo de 2008
Especialísimo Bach
La parodia y la imitación, cuando están hechas con calidad y respeto, siguen siendo armas de oro de todo buen cómico y Ustinov lo era... !vaya si lo era! Les aseguro que el idioma además no es un obstáculo.
Que Vds. se rían tanto como yo lo he hecho.
lunes, 26 de mayo de 2008
Vestido nuevo
¿Les gusta mi traje nuevo?
Los más críticos calificarán la entrada de frívola y de que en el fondo no es más que una tapadera para esconder la falta de inspiración bloguera que aqueja de un tiempo a esta parte a este salón. La razón les asiste sólo en parte pues, aunque bien es cierto que el adjetivo hacendoso no entra últimamente en los calificativos aplicables a su anfitriona (bueno, la verdad sea dicha es que nunca se ha caracterizado por eso), también lo es el que lleva unos cuantos días enfrascada en un artículo que se le resiste, quizá por la importancia del tema a tratar. Vamos que la pequeña aristócrata se ha metido en un jardín que quizá le venga grande; el tiempo lo dirá. Además para qué voy a negar mi faceta frívola si, junto con mi rostro alegre y pizpireto, es lo que más me gusta de mí...
Vestida pues de primavera, con colores nuevos y más cálidos, hoy me siento especialmente alegre, aun cuando el clima se empeñe en llevarme la contraria. Como también me he levantado generosa, voy a hacerles un regalo. Regalo dedicado también a acallar opiniones renuentes del sector crítico (grupúsculo filoitaliano) que opina que le dedico más espacio y tiempo a don Ricardo, que a don Giuseppe. Les estaré eternamente agradecida si por favor intentan hacer el esfuerzo de no identificarlo con cierto anuncio de coches que pulula últimamente por la caja tonta.
Para todos Vds... Violetta, en pleno esplendor de su juventud, belleza y alegría, les canta Sempre libera de La Traviata. Interpreta la sin igual, la sin par, la añorada, la espléndida Maria Callas, en una versión para EMI del año 1958, dirigida por Franco Ghione, con la Orquesta Sinfónica do Teatro Nacional de Sao Carlos, Lisboa y el acompañamiento de lujo a cargo de Alfredo Kraus, as himself.
Yo mientras tanto me voy al Salón del Prado a lucir mi talle y donosura revestidos de verde y malva, aunque la sombrilla vaya a terminar por fuerza haciendo funciones de paraguas.
¡Que la disfruten!
Sempre libera degg´io
folleggiare di gioia in gioia,
vo´che scorra il viver mio
pei sentieri del piacer.
Nasca il giorno, o il giorno muoia,
sempre lieta ne´ ritrovi,
a diletti sempre nuovi
dee volare il mio pensier
[Alfredo:]
Amor è palpito
dell´universo intero,
misterioso, altero,
croce e delizia al cor.
[Violetta:]
Oh!
Oh! Amore!
Follie!
Gioir, gioir, ah...
Sempre libera degg' io...
Debo ser siempre libre
revoloteando de alegría en alegría.
Quiero que mi vida transcurra
por los senderos del placer.
Tanto si nace el día como si
muere, quiero que me halle siempre
alegre. Mi pensamiento debe
volar siempre hacia nuevos
placeres.
[Alfredo]
El amor es el pálpito
del universo entero,
misterioso, altivo,
cruz y delicia del corazón.
[Violetta]
¡Oh, oh, amor,
locuras...
ah, sí... gozar, gozar...
Debo ser siempre libre...
ACTUALIZACIÓN
Atendiendo peticiones del oyente, aquí van tres piezas de un Verdi no excesivamente conocido por el gran público.
Verdi - Un giorno di regno - Ah non m'hanno ingannata! - Fiorenza Crossotto - Royal Philharmonia Orchestra - Lamberto Gardelli - Philips 1974
Verdi - Luisa Miller - Quando le sere al placido - Luciano Pavarotti - National Philharmonia Orchestra- Peter Maag - Decca 1976
Verdi - Attila - E' gettata la mia sorte - Sherril Milnes - Royal Philharmonia Orchestra - Lamberto Gardelli - Philips 1972
Brindo pues por todos vosotros:
Verdi - La Traviata - Libiamo ne'lieti calici - Placido Domingo, Ileana Cotrubas . Bayerische Staatsopernchor . Bayerisches Staatsorchester - Carlos Kleiber - DG 1977
lunes, 12 de mayo de 2008
Adiós a un gran cuarteto


La semana pasada se despidió para siempre del público español el que, a mi entender, ha sido (y aún lo es aunque por poco tiempo) el mejor cuarteto del mundo: el Alban Berg Quartett. El día 5 en Zaragoza y los días 6 y 8 en Madrid, este extraordinario ensemble ofreció dos programas espléndidos de despedida. No acudí al de Zaragoza, pero sí a los dos de Madrid (el primero de ellos era repetición del de la capital aragonesa) y puedo deciros que es de esos momentos que quedarán para siempre en la retina y, sobre todo, en el oído.
Tengo el privilegio de haber escuchado en directo desde 1998 (creo recordar) y año tras año a este cuarteto, puesto que han actuado con regularidad en las diversas ediciones del Liceo de Cámara que organiza Cajamadrid. Me resulta imposible intentar expresar el tremendo placer que ha supuesto a lo largo de esta década disfrutar con y de su música. Solamente sus grabaciones pueden acercarse mínimamente a explicarlo. Y digo mínimamente porque una actuación en directo es otra cosa además de.
Escuchar al cuarteto Alban Berg tiene (no, tenía) mucho de mágico. Un amigo me comentaba la semana pasada después de escuchar el op. 132 de Beethoven que parecía como si los instrumentistas no tocaran sino que la música flotara por encima de ellos, libre, a su aire. Os aseguro que es una descripción bastante aproximada. En sus audiciones, cada instrumento tenía vida y sonido propio y, sin embargo, se empastaba perfectamente con los otros tres. Es difícil intentar escribir cómo la música de Beethoven, Schubert, Haydn, Lutosfl awski, Berg, apoyada en una técnica y una maestría absolutamente plenas, ascendía inmensa, poderosa, gracias a interpretaciones emocionadas, comprometidas. No había frialdad técnica porque todo se revestía de un intenso sentimiento, en el sentido más hermoso y noble del término. Pocos han sabido interpretar el alma y la íntima razón de ser de la música de cámara, tan díficil y tan lejana a veces, como estos cuatro vieneses que llevaban 25 años juntos.
Para sus interpretaciones en España eligieron un programa de adioses. Os cito unas líneas del excelente texto del programa de mano escrito por Andrés Ibáñez
"Música de adiós. El adiós de Haydn, el adiós de Beethoven, el adiós de Schubert y el adiós a la tonalidad del joven Berg y el adiós cuartetístico del Berg maduro, quizá para señalar que todo adios es en realidad un principio".
Para la primera sesión, un melancólico y bellísimo Haydn con una pieza encargada por un canónigo de Cádiz para ser tocada en el Oratorio de la Santa Cueva: La Introduzione de Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz, op. 51. A continuación, la Suite lírica de Alban Berg, toda una declaración de intenciones por parte del maduro Berg para Hanna Fuchs, casada, de la que se había enamorado apasionadamente y sin esperanzas (los nombres de los movimientos lo evidencian: andante amoroso, adagio apassionato, presto delirando, largo desolato). Para finalizar, el cuarteto op. 15 de Schubert, un Schubert enfermo, desesperado y angustiado por el hambre y la miseria . Aquí el sufrimiento, el dolor, la melancolía parecían haber tomado forma. Pocas veces un cuarteto ha sonado tan triste y sufriente como el que escuchamos el otro día de las manos de los Alban Berg. De propina, un hermosísimo Adagio del cuarteto op. 76 de Haydn. La delicadeza hecha sonido
Para el segundo día, un programa para mí especialísimo. Se inició con uno de los últimos cuartetos del austríaco Haydn, (de nuevo el adiós), exuberante y melancólico. Continuó con una de las escasísimas piezas de cámara de otro austríaco, Alban Berg. Una pieza de juventud pero la primera ya plenamente atonal, de ruptura total y absoluta con lo compuesto hasta ahora. Vibrante en su disonancia, aunque sin romper del todo con la tradición (relación que ahora es más fácilmente apreciable y comprensible que entonces). Como última pieza, el cuarteto op. 132 de Beethoven. Ya he hablado extensamente sobre él en un antigua entrada , así que me limitaré a contaros que lo disfruté de la primera a la última nota y que el recuerdo de mi padre me acompañó mientras duró la pieza como una presencia suave y dulce.
Fuera ya de programa, todo un regalo: una impresionante Cavatina del op. 130 del compositor de Bonn.
En julio de este año se despedirán de los escenarios. El cuarteto no ha podido superar la muerte del viola Thomas Kakuska, por más que su excelente discípula Isabel Charisius no haya desmerecido en absoluto y su instrumento viva de nuevo con ella. A partir de ahora, ésta y Gerhard Schulz se integrarán en un nuevo ensemble, mientras Pichler, el primer violín se aventurará en la dirección de orquesta. Suerte a todos. Antes de marcharse, nos dejaron un mensaje de despedida del que extraigo algunas palabras:
"Al principio de cada concierto, los músicos percibimos una cierta agitación en el público, que no se ha desprendido todavía de sus afanes cotidianos. Lo fascinante es comprobar cómo poco a poco la música va apoderándose de los presentes, los envuelve, penetra en ellos y, de forma inesperada, los traslada a otro mundo. Entonces, paulatinamente, esa pluralidad de personas, a veces miles, se convierten, como si se tratara de un milagro, en una sola."
Y como una sola persona el público, en pie, los ovacionó y de despidió de ellos y una ligerísima niebla de tristeza nos sacudió a todos. Los adioses, cuando queridos y temidos son, necesariamente, tristes.
Aquí termina también mi crónica y mi homenaje y quiero hacerlo de nuevo con unas palabras de Andrés Ibáñez, las que cierran el programa de mano que está condesa intentará conservar, contra viento y marea de mudanzas y pérdidas, para poder hojearlo y ojearlo, tal vez dentro de muchos años cuando el oído sea ya incapaz de recordar y el mito se haya consolidado. Con ellas les dejo.
"La música no es nuestra. Pasa por nosotros. No es del compositor, que la entrega a la posteridad, ni del intérprete que la transmite. Pasa por nosotros igual que nosotros pasamos por el mundo. Sólo es nuestra mientras suena. Pero sólo es música cuando suena".
Aprópiense de la música mientras exista y suene.

[Hoy hace justamente un mes recibí un hermoso regalo de Vicente Fisac, de Palabras Inefables. Por razones justificadas pero que no vienen al caso, hasta ahora no he podido agradecérselo en el blog como se merece.
El regalo es un espléndido poema dedicado a esta condesa que no cabe en sí de satisfacción y de agradecimiento. Está hasta tal punto encantada, conmovida y orgullosa que su otra personalidad (la que se bandea a diario como puede con la vida) está empezando a sentir una envidia más que justificada, jejeje. Aunque ésta sabe de sobra que es la aristocrática piel de aquélla la que le está brindando tan generosas y bellas dádivas.
Por eso desde aquí, con mucho retraso y con aún más respecto y admiración quiero dar las gracias a Vicente, al que conocí gracias a Blanca de la que es buen, antiguo y muy querido amigo, y poner su regalo bien visible y al lado de ese bello soneto/cereza con que en su día me obsequió Joseba. Mil gracias].
AMIGA FREIA
La música es sentimiento
como lo son tus palabras,
tu opinión, los conceptos que transcribes
cada día en tu cuaderno.
Y voy leyendo tu voz,
aprendiendo un mundo nuevo
por caminos diferentes,
con sonidos que compartes
con la magia de tus ojos invisibles.
Tu música y mis versos,
amiga Freia,
se funden al azar y buscan juntos
ese espacio infinito de la mente
en donde hacer realidad
esa chispa, esa ilusión,
ese instante que explosiona
y transmite su latir al corazón.
Amiga Freia, ya somos dos.
sábado, 12 de abril de 2008
Sobre Solti, Bernstein, Karajan y el Requiem de Mozart
Lo prometido es deuda, así que héteme aquí sentada ante el viejo portátil para escribir de nuevo sobre el Requiem de Mozart.
Primeramente quiero dar otra vez las gracias a todos por lo bien que habéis recibido la propuesta (Si os ha gustado se puede repetir el juego, pero palabra que no es una amenaza. Decidiréis vosotros pues).
Una vez concluidos los agradecimientos, quisiera que supierais que la elección de la pieza vino dada más por los ejecutores que por ella misma. No hay muchas obras en casa de las que tenga las tres versiones; esto es, las de los susodichos objeto/sujeto del post. Puede que buceando hubiese encontrado alguna más, pero en aquel momento sólo salió el Requiem. Eso sí, una vez elegido éste, no fue difícil decidir qué parte os pondría. Siempre he sentido fascinación por el Dies Irae y además sirve como patrón o medida de lo que un director pretende o no, sabe o no, puede o no comunicar.
Coincido con lo que ha dicho Cosimo en cuanto a que la música coral de Mozart tiene todavía un pie en el barroco. A pesar de que este oficio litúrgico para la misa de difuntos fue compuesto (parcialmente como sabéis) por el salzsburgués entre febrero y primeros de diciembre de 1791, es decir, inmediatamente antes de su muerte, hay pasajes de la obra en los que Mozart utiliza elementos claramente barrocos como la fuga (Kyrie, Sanctus-Osanna) o el canon (Recordare y Confutatis). Sin embargo, los expertos atribuyen al Dies Irae una influencia operística, en concreto del aria Der Hölle Rache que canta la Reina de la Noche en La Flauta Mágica. Además la tonalidad en re menor que marca este número (tonalidad que por otra parte prima sobre las demás en el Requiem), acentúa claramente la sensación de desesperanza, angustia y temor ante el castigo divino. También coincido con el Sr. Barón en que todo el mundo se atreve con Mozart sin tener para nada en cuenta que en sus partituras nada sobra ni falta y que cualquier error por mínimo que sea, tanto técnico como de interpretación de lo que Mozart pretendía comunicar, puede dar al traste (de hecho muy a menudo da) con ambiciosos proyectos musicales, tanto en directo como en el estudio de grabación.
Aparentemente puede resultar curioso que una misma versión haga opinar a alguno de vosotros que el director da poca importancia al coro y las voces y a otro, justamente lo contrario. Pero es que a menudo, en la música como en cualquier otra manifestación artística, nuestra percepción es fundamentalmente subjetiva. Cada uno oye lo que quiere oír y no se me interprete mal. A mí me ha pasado bastantes veces descubrir en una versión escuchada antes con frecuencia, matices que me habían pasado completamente desapercibidos hasta ese momento. En primer lugar, la oreja no siempre se aplica al trabajo con la misma dedicación e intensidad y, además, también dependerá mucho del estado emocional o sentimental de su propietario, así como de la capacidad de concentración de éste y, por tanto, de implicación en lo que oye. Por eso tiene razón Adanero: a lo mejor un día nos gusta más una versión que otra. Todo depende de muchos factores. Y dos de ellos, importantísimos, son la calidad del aparato reproductor (de CD, evidentemente) y la calidad de la grabación y edición del mismo y con ello no me refiero a que todos los discos tengan que ser DDD. Ni mucho menos. Hay grabaciones ADD en el mercado que le dan cien mil vueltas a otras mucho más modernas porque los ingenieros de sonido y los productores o editores sencillamente eran mucho mejores.
Evidentemente ese esfuerzo que realiza nuestro oído y nuestra mente será inversamente proporcional a lo acostumbrados que estemos a escuchar música. El oído, como el resto de los sentidos, se educa y lo que al principio nos costaba un esfuerzo enorme de concentración y distinción, se convierte de repente en algo casi inmediato y aparentemente carente de esfuerzo. Igual que un gourmet puede distinguir olores y sabores con increíble facilidad, un melómano o un crítico de arte, lo tendrán más fácil en su campo.
Por eso yo os pedía fundamentalmente emociones. No quiero ponerme pedantorra, pero creo que era Henri Bergson el que hablaba del élan vital y en cómo deberíamos dejar que ese impulso vital nos inundase, en vez de intentar siempre racionalizarlo y conceptuarlo todo. Y sin embargo, al emitir un juicio o una opinión sobre algo y antes de que el razonamiento lo estropee (cielos, ahora me he puesto en plan Nietzsche) nos hemos visto golpeados, para bien o para mal, por la impresión, la sensación, el sentimiento.
Y algunos, desde mi punto de vista, habéis hecho un esfuerzo enorme en aplicar el entendimiento y la razón, el análisis. Lo cual demuestra, primero, que somos adultos (jeje) y tendemos a racionalizar todo (incluso a los niños les resulta difícil cuando escuchan algo por primera vez, expresar lo que la escucha les ha sugerido; incluso ellos tienden a razonar), aunque ha habido también comentarios impagables sobre el estado mental, de ánimo o de evidente perjuicio por la medicación de los tres directores. Han sido también los más directos, espontáneos, emocionales.
Segundo, que vuestros análisis evidencian que habéis sacado muchas más conclusiones de las que vosotros mismos seguramente habríais pensado a priori. Casi todos os confesáis legos en la materia, pero habéis podido comparar, degustar y elegir. Si alguien os hubiese preguntado hace tiempo sobre qué os ha parecido la pieza, algunos seguramente habrías respondido que no os considerabais capaces de juzgar por falta de conocimientos. Basta que la condesa os haya puesto en el brete para que los más modestos os hayáis convencido de que no es tan difícil opinar sobre música clásica. No hay que tenerle tanto miedo. A los eruditos y los críticos se les debe exigir que posean conocimientos; al resto, sólo que disfrute con ella. Si además, conoce, pues mejor.
Como vais a empezar a pensar que este larguísimo comentario realmente esconde una intención de escaqueo, me pringo y doy mi opinión al respecto, aunque estoy segura de que otros los han hecho aquí ya mejor que yo. Ahí va lo que opino sobre las piezas escuchadas.
Vaya por delante que no me conmueve especialmente ninguna de las tres versiones. Las tres suenan demasiado. Desde mi punto de vista, pecan de una orquesta excesivamente sinfónica, excesivamente grande, excesivamente decimonónica. El Requiem no es una sinfonía y a mí me gustan las interpretaciones con menos músicos y más intensidad, más hondura, más sutileza. La fuerza de la orquesta no debe venir dada por el número de profesores, sino por la emoción que sea capaz de imprimirle el director.
No me gusta la de Bernstein. Y digo esto con todo el cuidado del mundo, porque estamos hablando de tres grandes directores, con sus luces y sus sombras, pero tres de los grandes. Nada más lejos de mi intención que pontificar al respecto y poner a caldo a profesionales como ellos. Su interpretación me parece muy acelerada. Y no es simplemente una sensación. Mientras el Dies Irae suele durar una media de 1'58'', don Leonard lo hace en tan sólo en 1'42''. Y para mí esa aceleración le resta emotividad. Su versión no me inspira miedo ante la muerte, desesperanza, y santo temor de Dios. Efectivamente, da la sensación de que, de un momento a otro, van a salir los chicos de Wide Side story silbando y bailando (la propia actitud de Bernstein en la dirección, le resta majestuosidad a la obra). Mozart no es Stravinsky. Conviene apuntar en descargo de la interpretación que el registro sonoro pasado por Youtube resulta más que lamentable. También pienso que no hay equilibrio entre cuerdas y metales. Interpretación, a mi gusto, pomposa y en algunos momentos, carente de matices. [Un apunte. Yo no soy capaz de ver al bellezón de la segunda fila del que nos habla Manuel]
Vayamos con Solti. Probablemente y con relación al tempo tenga el problema contrario a la de Bernstein: se hace larga. Por otro lado, el húngaro le da bastante mayor relevancia al coro, lo que en principio y para mí es un acierto. Su versión, como casi todo lo que dirigía, es brillante pero también ahí radica su mayor pega. El Requiem no es una ópera. También esta versión tiende a la magnificiencia en perjuicio de la hondura, la intensidad, lo abrumador de la muerte, el recogimiento. A mi oreja se le antoja excesiva percusión.
(Antonio, está grabada en la iglesia de San Esteban de Viena).
Y la tercera, la de HvK. Antes de nada, una precisión. El salzsburgués grabó el Requiem unas cuantas veces a lo largo de su carrera y yo os he puesto la única grabación de la que dispongo, la de 1987 para Polydor; esto es, dos años antes de su muerte. El llamado sonido Karajan, ese sonido omnipresente en casi todas sus últimas grabaciones, de carácter elegante pero algo melifluo y facilón y que tiende a uniformizar un poco todo, es ya en tópico y hemos ído hablar de él hasta la saciedad. Creo que esta versión del Requiem de Mozart tampoco se libra de él. A pesar de que todavía era capaz de destellos de absoluta genialidad (quien tuvo retuvo) y en esta interpretación también despuntan, Karajan parecía en esos años estar más preocupado por la repercusión monetaria y comercial de lo que interpretaba, que por estudiar a fondo las partituras. Ese sonido elegante en que la cuerda prima por encima de todo sacrifica sin embargo la riqueza sonora. Es un sonido "bonito" que vale igual para el Adagio de Albinoni, que para La Creación de Haydn. Con todo, de las tres, quizá sea la que tenga un tempo más equilibrado y quizá de las tres, es la que más me guste.
No sé por qué resulta tan difícil encontrar grabaciones antiguas de Karajan en el mercado discográfico (con la única excepción quizá de Amazon.com). Me gustaría tener grabaciones de Karajan de los 50 ó 60, pero no las tengo y, por tanto, no puedo hablar de lo que desconozco pero era importante indicarlo porque, con tan escasos mimbres, la opinión sobre la interpretación de Karajan del Requiem de Mozart es necesariamente incompleta, parcial e injusta.
Al leer el comentario de Adanero, he vuelto a escuchar una versión que tengo del de Marriner, aunque no es la de Decca de 1990, sino la de Philips de 1991. Os la dejo en el Rincón Musical. Simplemente para regocijo. Esta vez no hay deberes.
No es fácil dirigir la música de Mozart. Es más, es extraordinariamente difícil y, si me apuráis, aún más una obra como el Requiem, con esa carga literaria y extramusical que arrastra desde su creación. Es una música al tiempo grandiosa e íntima, llena de matices, con contrapunto y melodía, con herencias del pasado y novedades compositivas. Todo el mundo se ha atrevido con él y no pocos han fracasado en el intento o, al menos, no han sido capaces, de realzarlo y entenderlo compositiva y sentimentalmente.
No es que tenga por casa muchas versiones, hay unas 8 ó 10. Además siempre me faltará una, para mí imprescindible: la de Fritz Busch (no he conseguido encontrarla nunca; probablemente no exista siquiera el registro fonográfico). Posiblemente, al menos en el recuerdo, la mejor versión que he escuchado nunca fue en la que Ros Marbá dirigió a la ONE hace muchíiiiiisimos, pero que muchíiiisimos años en el Teatro Real; claro que contaba con la ayuda del Orfeón Donostiarra y eso ya le daba parte de la batalla ganada. Pero de todas las que tengo en CD, me quedo con la de un gran mozartiano que además de soportar, como otros muchos insignes colegas, las represalidas del régimen nazi, ha sufrido posteriormente también el olvido de los grandes gurúes de este mundillo. Se llamaba Josef Krips y nos ofrece una versión emotiva, equilibrada, conmovedora del Dies Irae. La orquesta que dirige es de nuevo la Filarmónica de Viena (como en el caso de las de Solti y Karajan) y curiosamente es también bastante rápida, pero el sonido y el resultado son muy distintos (o a lo mejor es que siento debilidad por esta versión y a mí me parece la mejor cuando resulta que no es así, vayan Vds. a saber). Además fue interpretada por el vienés cuando se encontraba ya enfermo y presentía su propia muerte, lo que hace el concierto aún más impresionante. Uno meses más tarde le confesaría a su íntimo amigo Alfred Prinz: “Éste será mi Réquiem”. No se equivocó.
Fue grabada en directo desde la Sala Dorada de la Musikverein de Viena en 1973 por la ORF y rescatada por Naïve en 2002.
Escuchen pues y déjense llevar por la emoción....
[En otro orden de cosas. Con respecto a la consulta de Adanero sobre el Amadeus de Forman, le remito a lo sabiamente dicho por Cosimo el Barón, a quien debo agradecer (nobleza obliga) el haber hecho las veces de anfitrión y atender a los invitados), con algún apunte más por si le sirve de algo. El propio Mozart y el Requiem especialmente han sido siempre objeto de leyendas, rumores, mitos, debido al carácter dramático de la propia vida del compositor y por las características también dramáticas que en sí mismo comporta una pieza fúnebre. Apenas 30 años después de su muerte, el Romanticismo eclosionaba en Europa con toda su carga de poesía, dramatismo, sentimiento trágico y gusto por el amor y la muerte. Entre 1826 y 1830 Pushkin publica dos tragedias breves: El convidado de piedra (sobre el mito de don Juan, el de Racine y Tirso y el de Mozart) y Mozart y Salieri. En esta última, lo que hasta entonces eran rumores con ciertos visos de verosimilitud, adquieren la categoría de drama en toda regla sobre las desavenencias y rivalidades entre el genio musical y el funcionario. Los rumores a los que me referería antes parece que aludían a que Salieri habría confesado antes de morir en 1825 en un sanatorio mental de Viena, que él había envenado al genio por celos profesionales. Lo único que parece cierto de todo aquello es que en sus últimos días deliraba en voz alta y hablaba de Mozart con frecuencia. Pero ya sabéis que las bolas de nieve van creciendo. Tanto a Pushkin como a Rimski-Korsakov (que estrenaría una ópera basada en la pieza de aquél), les interesa evidentemente lo que de trágico y heroico tenía el salzsburgués, enfrentado a la mediocridad de Salieri. En 1980 Peter Shaffer retomaría el tema con su pieza Amadeus, llevada más tarde al cine por Forman. Shaffer también se apoyaría seguramente en una declaración de Sophie Haibel, cuñada de Mozart que afirmaba, más de 30 años después, que el compositor habría revisado en el lecho de muerte una primera lectura de la partitura y le habría dejado a Süssmayr instrucciones precisas para terminarla. No parece tener muchos visos de realidad por cuanto parece probado que Constanze, la mujer, le ofreció a varios músicos antes que a Süssmayr la conclusión del Requiem. (Los datos están sacados un artículo que escribió Agustí Fancelli sobre el Réquiem). De todas formas conviene tener siempre presente que una pieza teatral, una novela, una película pueden fabular sobre hechos más o menos ciertos e inventar escenas, situaciones o personajes que aumenten la tensión dramática de la obra. No tienen ninguna obligación de contar la verdad. El problema viene dado cuando una parte del público toma por reales lo que son hechos dramatizados.
Con relación a la obra del compositor polaco propiciadora de suicidios, siento tener que decirte que no tengo ni idea. De todas formas, intentaré consultárselo a alguna de las mentes preclaras con las que coincido de vez en cuando en el Auditorio. Quizá ellos puedan echarnos una mano]
[Dos últimas precisiones. Primera: si se encuentran en el texto algún Requiem acentuado, por favor, elimínenlo mentalmente porque el latín no se sirve de acentos por mucho que el libro de estilo de El País y el corrector de Bill Gates se empeñen (¡no sé pueden ni imaginar qué lucha me he traído con él!). Segunda: Anarkasis, jeje, efectivamente te he reconocido, pero me ha encantado eso de que te travistieras en La Parca].
lunes, 7 de abril de 2008
Leyendas urbanas musicales
Un día estaban reunidos Georg Solti, Leonard Bernstein y Herbert von Karajan. Hablaban, o casi casi discutían, acerca de quién era el mejor director de orquesta del mundo.
Georg Solti tomó la palabra y dijo:
- "Modestamente, creo ser yo el mejor director del mundo porque dirijo la mejor orquesta del mundo, que es la Sinfónica de Chicago".
Leonard Bernstein, que estaba a su lado, le contestó:
- " Lamento contradecirte Georg, pero eso no es cierto. El mejor soy yo porque el mismo Dios , imbuído de majestad, se dignó aparecer ante mí y me dijo: 'Tú eres el mejor director de orquesta del mundo'. Lo escuché de Él"
Entonces, Herbert von Karajan, que hasta el momento había permanecido callado, se levantó y exclamó:
- "Mientes Leonard... ¡Yo nunca te he dicho eso!"
¡Qué les parece? ¿Existen o no existen las leyendas urbanas musicales?
Casual y curiosamente, la edición de Babelia del 5 de abril dedica un especial al centenario del nacimiento de Karajan con varios artículos. El de mayor enjundia viene firmado por alguien muy conocido en el terreno de la música clásica actual: Norman Lebrecht. Escritor, periodista, articulista, comentarista de música clásica y del entorno en el que ésta se desarrolla, es considerado hoy en día por algunos martillo de luceros rutilantes, y por otros, periodista estrella, deseoso de dar la nota, amigo de llevar la contraria y con complejo de enfant terrible. Sea como fuere, casi siempre hace gala de un cierto sentido del humor y ataca determinados arquetipos y mitos en un mundillo tan dado a la mitomanía. Aunque, desde mi punto de vista, a veces es exagerado y pagado de sí mismo, sus artículos siempre despiertan, cuando menos, interés y polémica, lo que tampoco está mal en un territorio de dinosaurios intocables. Léanlo, léanlos; vale la pena para desmitificar y conocer las luces y sombras de uno de los mitos más poderosos de la discografía y la historiografía musical.
Pero como no hay artículo, sin música, esta vez vamos a utilizar tres. Aprovechando el tema de la entrada, juguemos a las diferencias.
Aquí tienen tres versiones de la misma pieza musical. Se trata del Dies Irae del Requiem de Mozart. La primera está dirigida por Solti; la segunda, por Bernstein; la tercera, por Karajan.
En el primer vídeo vemos y oímos a la Filarmónica y Coro estatal de Viena , bajo la batuta de Georg Solti, grabado en 1991 por la ORF para Decca.
Este vídeo pertenece a la versión de Bernstein. dirigiendo el Coro y la Orquesta de la Radiotelevisión Bávara:
La versión de Herbert von Karajan es la grabada en 1986 para Polydor y hoy distribuída por Deutsche Grammophon. Dirige la Filarmónica de Viena y canta el coro de la Wiener Singverein (algo así como Asociación de cantantes de Viena), a cuyo frente está Helmuth Froschauer.
Esta vez no seré yo quien opine, al menos no por el momento. Porque lo que me encantaría es saber qué opinan Vds. de ellas, cuál les gusta más y por qué. No les pido conocimientos de ningún tipo, sino emociones, pura y simplemente, emociones. Déjense llevar y díganme qué les han parecido. Espero ansiosa sus comentarios y sepan de antemano, que todo vale. No tiene por qué haber una mejor que otra. Sencillamente son tres lecturas distintas de una misma obra.
¡Anímense! Espero su interpretación de las interpretaciones. Después hablamos.
domingo, 6 de abril de 2008
Premios Dardo 2008
El lema del premio es el siguiente: "la I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con él reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personales, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas".
La concesión del mismo lleva aparejada la elección a mi vez de otro 15 blogs. Ya sé que no os falta razón a algunos cuando afirmáis que esto es endogámico, que forma parte de un círculo y que todos acabamos premiándonos a todos. Y bueno... ¿Por qué no?
Yo no sé si mi lista llegará a los 15 preceptivos, pero al menos voy a intentarlo.
Volvamos a poner música apropiada,
revistámonos de autoridad y nombremos solemnemente los Dardo 2008 Award otorgados por esta condesa:
Acero bolchevique, concedido a un blog claro e instructivo en materia política, con buenas dosis de autocrítica y un elevado espíritu pedagógico o, más bien, adultogógico.
A este lado del Rubicón, con un AF, afortunadamente retornado a la blogosfera, porque siempre me enseña cosas nuevas, es honrado en sus planteamientos y certero, muy certero en sus análisis.
Kabila, por el análisis tranquilo, sosegado, también realizado con suma honestidad y del que aprendo todos los días.
Los Genoveses, SA, para mí un auténtico descubrimiento. Lúcido, a veces mordaz y muy atinado en sus análisis de lo que les ha pasado, pasa y pasará a los inquilinos de Génova, 13.
En la ducha final, donde Gracchus es capaz de realizar un análisis atinado, exacto, fiel y muchas veces afilado de la situación política, social y humana de este nuestro país.
Anarkasis, por su contribución, aunque el/la autor/a diga lo contrario, al mundillo de la cultura en general y al de la pintura en especial. Además es un excelente traductor/a. Como podéis comprobar no dejo su enlace; siempre ha mostrado mucho celo de su intimidad. Si me da su consentimiento, lo pondré.
Maripuchi y su mundo. No se trata de devolver el premio ni el halago. Desde que empecé a moverme por la blogocosa hace unos 7 meses, siempre he pensado que su blog es activo, inquieto, habla de lo divino pero, sobre todo, de lo humano.
Forsì altro canterà con miglior plectio porque Tanhäuser es uno de los creadores de blogs más increíbles que conozco. Por su ternura, por su sentido del humor, por elevarle el ánimo a paseantes de la blogosfera del más variado pelaje. Porque es un encanto y porque su blog es fantástico. Hala, he dicho.
Animal político Me van a perdonar que sienta debilidad por esta bitácora y por el señor que se esconde detrás. Analiza la situación sin crispaciones, con tino, con serenidad. Todo el mundo lo respeta y lo adora y yo no podría pasar sin lo que escribe.
Vailima. Mi última adquisición. Es todo un mundo nuevo. Para no perderse su concepto y su sentido del arte y para perderse en él.
Los pasos que no doy, porque me gusta mucho lo que Madeleine escribe y cómo lo escribe.
Apuntes de bolsillo, otra de mis debilidades. Es divertido e irónico a veces y mordaz cuando la ocasión lo requiere. No os perdáis ese otro blog secreto que Manuel esconde entre los pliegues de éste.
Matacucarachas. Porque Navegante rojo ha vuelto; porque lo echaba mucho de menos y porque me gusta lo que escribe y lo que le ha llevado a escribir de nuevo.
Las batallas del abuelo Cebolleta porque me hace revivir sueños y recuerdos de infancia, porque está hecho entre gente de muy diversa condición personal, social e ideológica. Porque es entrañable, porque habla de cosas y de vivencias que forman parte de mi propia vida.
El puesto número 15 está reservado a todos aquellos blogs a los que ya he premiado (para no ser reincidente), a todos los que injustamente olvidé y a los que aún no conozco pero que me gustarán.
Como la proporción geométrica y de estructura piramidal de estos premios puede llegar a colapsar la blogocosa, dejo en manos de los interfectos la potestad de nombrar o no a quien quieran, según su criterio o deseo.
Enhorabuena a los premiados y aplíquense que cada vez hay más competencia.