Un regalo de Sergio Astorga

miércoles, 6 de enero de 2010

De dolor, hermosuras y esperanza: Volver a empezar


Hace tiempo (no consigo recordar en qué película), una frase de Fernando Fernán Gómez me impresionó profundamente. En dicho diálogo el personaje que él mismo interpretaba, al ver después de muchos años al de Maruja Asquerino, le decía: "El dolor te ha hermoseado".

Y para mí esa rotunda aseveración es hoy más cierta que nunca, al menos en algunos casos. Es verdad que hay dolores crueles que se marcan en las facciones y el cuerpo como una arpía indecente y provocan envejecimiento prematuro, fealdad, tristeza, sufrimiento imposible de asimilar. Entre esos dolores yo incluyo la guerra, el hambre, la crueldad humana, el maltrato, el odio, ese que provoca generalmente el hombre como lobo para el hombre. Quedarán por siempre esculpidos sin remedio, como una lacra, una herida que no cierra, grabados a fuego por la desesperanza, la miseria o incluso el olvido.

Pero no hablo del dolor de la superviviencia o de la muerte. Hoy quiero referirme a ese dolor pequeño, fruto de haber vivido. A ese que se nos clava en el ánimo pero que cuando pasa y lo superamos nos hace más fuertes, mejores personas, más humanos, más asequibles y tolerantes, que nos hace ponernos en el lugar del otro y sentir empatía (que por eso la palabra viene de in pathos, en el dolor o en el sentimiento) e incluso compadecernos (también en el sentido más noble del término: cum pathos, compartir el dolor o el sentimiento). Y estoy convencida de que ese dolor hermosea. Se va posando suavemente en el rostro junto a las arrugas de las comisuras en los labios que provoca la risa abierta; las del ceño, a veces por el enfado pero también por la extrañeza, la ternura y la sonrisa; las de los ojos, seguramente por la felicidad y la alegría. Ese dolor, el superable, el que se origina en el alma y no como brutal agresión externa, nos hace más hermosos, más bellos y más conscientes de que los surcos que deja son huellas de vida.

Eso sí, mientras lo padecemos, mientras nos muerde con saña y meticulosamente las orillas de la autoestima y el ánimo no somos capaces de verle el menor encanto. Nos machaca de a poquitos, nos mata lo que de más vital tenemos y nos hunde bajo el peso de la tristeza y el sufrimiento anímico o físico. Pero cuenta, a su pesar, con dos valiosísimos caballos de Troya: de un lado el tiempo, esa maravillosa panacea de casi todos los males del alma y de otro, nuestra propia capacidad de apurar ese dolor, de beberlo, de digerirlo, de transformarlo y aprender de él hasta convertirlo en nuestro propio bagaje personal, sacando de él la fuerza para seguir viviendo y no limitarnos a sobrevivir. De ahí, como en una peculiar y doliente metamorfosis, saldremos renovados, con más fuerza, más maduros emocionalmente y más hermosos de alma y de rostro.

Y además ese dolor íntimo, personal, individual y propio, pequeño aunque profundo y al que no pueden acceder por más que lo intenten los que nos quieren bien para consolarnos y ayudarnos, tiene una espléndida y redentora cualidad. Nos hace levantarnos con más ganas que antes de caer. Hace que irremediablemente, y porque amamos la vida, pongamos todo nuestro empeño en recuperar las fuerzas para volver a empezar.

Y en ésas está esta condesita. Con altos y bajos, con subidas y bajadas de tiovivos emocionales, pegándose a días consigo misma para levantarse de la cama y agradeciendo el respiro de algunas tardes que a veces le devuelven con brevedad la tranquilidad, el sosiego y la esperanza. Acudiendo al psiquiatra y al psicólogo con puntualidad suiza, tomándose la medicación prescrita como una niña obediente y aplicada. Y apoyándose en sus pequeños pero sólidos bastones reales, afectivos, los de toda la vida. En su marido, en su hermana, en sus escasos amigos de la infancia y en los aún más escasos de la primera juventud. Y sigue creyendo firmemente que la música es el linimento más completo para los dolores ilocalizables y el bálsamo que mejor cicatriza las heridas invisibles. Todavía caerá unas cuantas veces, pero volverá a levantarse con más ganas que antes. Y pasará por encima del desaliento, la deslealtad, las incompatibilidades, los desencuentros y el dolor por mucho que escuezan en el ánimo y el estómago. Y eso significa que, necesariamente, tendrá que dejarse cosas y personas en el camino. Porque se perdona de corazón pero el olvido es casi siempre imposible. Y conseguirá desprenderse poquito a poco pero definitivamente de esas adherencias que a ella tanto daño le han hecho. Quizá, sólo quizá, no le fueron pegadas a propósito, quizá ella sólo lo presuponga o lo intuya o lo deduzca. En todo caso, se liberará de las verdades a medias o falseadas, cuando no directamente de la mentira, de la decepción producida porque hayan abusado de su buena fe y hasta de la tal vez inocente inoportunidad o la dolorosa metedura de pata ajenas.

Cualquiera que haya pasado por una depresión seria (no una tristeza temporal sino esa larga y dura enfermedad del cerebro y el alma que te machaca sin consideración) sabe que cuesta, que es lento, pero que se sale y se sale fortalecido. Habrá días en que la dueña de este blog no estará para nada ni para nadie y no habrá comentarios a los comentarios ni visitas a sus casas Pero habrá otros en que se pondrá sus mejores vestidos y se asomará a esta ventana para hablarles de música, de pintura o de cosas personales sin importancia. Al principio los primeros ganarán a los segundos pero, más despacio o más pronto, se invertirá la ecuación y Mozart (mi queridísima Maga, te debo una trilogía dapontiana), Lully, Berg y hasta el mismísimo Wagner (no van a librarse así como así del Tristán e Isolda) volverán a pasearse por estas páginas, con o sin sinestesia, con o sin siniestra mano. Se lo prometo. Denme un cierto margen y volverán a despotricar de esta condesita filogermánica absolutamente anti-nazi (mal que le pese a alguna). Pero también volverán a adorarla y a enamorarse de ella porque precisamente en ella va buena parte de mí misma y no estoy dispuesta, bajo ningún concepto, a dejar el menor resquicio para que se olviden de quererme. Tengo la esperanza plena y absoluta de que vuelvan a caer rendidos a mis pies, por mi descoque, frivolidad, ligereza y por mi hermosura, no la de Madrazo, sino aquélla con que la vida me ha ido regalando y modelando mis facciones poco a poco.

Y despacito, con esfuerzo y tiempo, cada vez se caerá menos y le dolerá menos y se levantará antes y más rápido y con más impulso y más fuerza. Y se dejará cosas en el camino, flecos de sí misma que no volverán a crecer pero que curarán con más o menos mimos, con más o menos esfuerzo, con más o menos tiempo. Porque las cicatrices nos recuerdan que donde hubo herida y dolor, lo que permanece para siempre es que curaron y dejaron de hacer daño. Sólo cuando el clima amenaza lluvia duelen ligeramente para que nos cercioremos de que no cerraron en falso, de que hace mucho que la infección desapareció, de que seguramente y aun así valió la pena porque conseguimos extirpar lo que nos hacía mal y nos envenenaba el alma. Y ese pequeñísimo dolor desaparece sólo con acariciar suavemente la cicatriz y estar absolutamente seguros de que fue necesaria para sanar.

Y ese sufrimiento, como a todos ustedes les ha sucedido en una o más ocasiones, me hermoseará de la misma forma que los ha vuelto más hermosos también a Vds. Y entonces conseguiré mirarme al espejo con honestidad, con valor, con la estima renovada y recuperada y decirme a mí misma sin el menor engaño que, sólo por lo bueno que trajo, mereció la pena.

Y para rematar esta entrada tan poco musicopedagógica y de paso cortar el rollo narcisista, les dejo dos pequeños regalos de Reyes en forma de poema y de aria. Muy distintos, pero complementarios. El primero habla de la necesidad y de la fuerza imperiosa de la vida abriéndose paso, del amor por ella; la otra, de la hermosísima esperanza que en el fondo es la que nos ayuda a levantarnos cada día y mantenernos a flote, independientemente de que nuestros sueños o deseos se vean o no cumplidos, independientemente de las veces que todavía debamos caer.

Que el nuevo año se porte con todos Vds. mucho mejor de lo que lo ha hecho el odioso que se fue. El personaje central de este blog, creado casi más por Vds. que por mí pero del que cada día me impregno más, está casi segura de que como a peor no puede ir, el 2010 va a ser, cuando menos, un poco más agradable y compensador.

Y, si no les importa, sigan locamente enamorados de esta condesita, que ella se alimenta de su enamoramiento y además le hace mucha ilusión y a mí me vendrá muy bien.



La noche entera
con un hacha
me ha golpeado el dolor,
pero el sueño
pasó lavando como un agua oscura
piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo
te levanto,
vida,
sobre mis hombros.

Oh vida,
copa clara,
de pronto
te llenas
de agua sucia,
de vino muerto,
de agonía, de pérdidas,
de sobrecogedoras telarañas,
y muchos creen
que ese color de infierno
guardarás para siempre.

No es cierto.

Pasa una noche lenta,
pasa un solo minuto
y todo cambia.
Se llena
de transparencia
la copa de la vida.
El trabajo espacioso
nos espera.
De un solo golpe nacen las palomas.
Se establece la luz sobre la tierra.

Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.

el que de ti reniega
que espere
un minuto, una noche,
un año corto o largo,
que salga
de su soledad mentirosa,
que indague y luche, junte
sus manos a otras manos,
que no adopte ni halague
a la desdicha,
que la rechace dándole
forma de muro,
como a la piedra los picapedreros,
que corte la desdicha
y se haga con ella
pantalones.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.

Pablo Neruda - Oda a la vida - Odas elementales
Ed. Losada, B.C. y C. - 3ª ed. Buenos Aires, 1970



Giacomo Puccini (1858-1924) Madama Butterfly. Un bel dì vedremo. María Callas, soprano. Philharmonia Orchestra. Dir.: Tullio Serafin. Emi, 1954



Les aseguro que la condesa volverá a ser hermosa. Y yo también.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Sinestesia alla italiana

Para Dardo, al que tanto echo de menos



Pietro da Cortona - La Adoración de los pastores - Museo del Prado. Madrid
(foto obtenida del Boletín del Museo del Prado, Tomo XXV número 44 - 2008)


Hoy, para su fortuna, seré parca en palabras. Bien entendido que mi concepto de parco no siempre coincide con la opinión general. Digamos que no llega a ser un concepto fidelcastrista, pero les aseguro que tampoco es gracianesco.

Y para variar, les traigo una sinestesia (no se me quejen que ésta es ligerita). Sinestesia formada esta vez por dos obras no especialmente conocidas. La primera, para mí, ha sido un descubrimiento de hace un par de meses y he podido verla por primera vez hace tan sólo 9 días. La segunda, la conozco desde hace muchos años pero les confesaré que hacía mucho tiempo que no la escuchaba y la he redescubierto con oídos nuevos.

El cuadro de Pietro da Cortona es una pieza muy bella pintada al óleo sobre pasta vítrea venturina y pizarra. Podríamos estar ad kalendas graecas, yo escribiendo y Vds. leyendo acerca de quién hizo la obra, quién la encargó y para quién, el porqué de materiales tan curiosos y la maestría de un gran pintor a la hora de solucionar los problemas técnicos que ese extraño soporte le creaba. Prometo algún día hablar sobre ello porque creo que es interesante. Sin embargo, ahora no es el momento. Mucho mejor que leerme a mí, intenten pasarse a verla. Está en la sala nº 100 del Museo del Prado, inmersa entre las piezas del Tesoro del Delfín. Acaba de ser restaurada (a mi juicio, espléndidamente) por Elisa Mora. Acérquense los que puedan y disfruten de ella y de esa iluminación que permite disfrutar de las propiedades cromáticas de la venturina. Para los que no tengan la posibilidad, hagan doble click sobre la imagen que les traigo. Al ampliarla podrán llegar a descubrir ciertas líneas de unión entre materiales y la soberbia labor de restauración.

Unos pocos años después de la muerte de Cortona, nacía el compositor Francesco Manfredini. Los dos tienen muchas cosas en común. Ambos son toscanos, aunque uno sea aretino y el otro de Pistoia. Cortona es un magnífico ejemplo de artista del primer barroco pictórico mientras que el músico es uno de los representantes más típicos del pleno barroco musical. Seguramente podríamos hablar de muchos más elementos que los unen pero, para no aburrirles con demasiados datos, me limitaré a decirles que el elemento común que ha hecho que figuren sus obras en esta entrada es el tema de la Natividad.

Sé que algunos de Vds. son creyentes y otros, ateos irredentos. Unos tendrán fe ciega en el misterio de la Natividad del Señor mientras otros alegarán que el cristianismo vino a "domesticar" las Saturnalia. En todo caso, cada uno es muy dueño de creer o no.

Pero puesto que el tema del Nacimiento de Jesús forma parte de nuestra cultura desde que nacemos y dado que hoy es 24 de diciembre, permítanme desearles con estas dos obritas navideñas, dosis nada razonables (al contrario, más bien excesivas) de buen humor, afecto, serenidad y calor humano. Y háganme caso: quiéranse mucho todo el año y no sólo en estas fechas.


¡Feliz Navidad a todos!


Francesco Manfredini (1680-1748). Concerto en Do, op. 3 nº 12. Per il Santissimo Natale. I Musici: Roberto Michelucci y Anna Maria Cotogni, violines; Maria Teresa Garati, órgano. Philips, 1962.



votar

jueves, 26 de noviembre de 2009

No es tan difícil


V.van Gogh (1853-1890). Iris - Mayo, 1889. Getty Center de Los Ángeles

Hay veces en que una frase de afecto recibida de quien más quieres y un cuarteto de Haydn son capaces de enderezar la tarde y la noche más torcidas. Aunque los hados suegriles se empeñen en lo contrario.

Que tengan Vds. un día tan luminoso como lo fue ayer el mío.

F.J.Haydn (1732-1809). Cuarteto Op. 33 nº3 en Do mayor. "Pájaro". Melos-Quartett Stuttgart. EMI, 1976

jueves, 19 de noviembre de 2009

VI. Gaspard de la Nuit - Scarbo


Scarbo. Grabado de Callot de la edición de Gaspard de la nuit de A.Bertrand, publicada en París, en 9146 por Chantenay.



Louis (Aloysius) Bertrand - Gaspard de la Nuit

Recita: Carole Bouquet. Deutsche Textbeilage. Ondine Inc., 2004


Scarbo

Miró debajo de la cama, en la chimenea, en el baúl; no había nadie. Y no entendió por dónde había conseguido entrar, ni por dónde había escapado.

HOFFMANN, Cuentos nocturnos.





¡Oh! ¡Cuántas veces he visto y oído a Scarbo, cuando, a medianoche, la luna brilla como un escudo de plata en un pendón azul sembrado de abejas de oro!
¡Cuántas veces he oído el murmullo de su risa entre las sombras de mi alcoba y el rechinar de sus uñas en la seda de las cortinas de mi cama!
¡Cuántas veces lo he visto bajar del techo, piruetear con un solo pie y rodar por el suelo como el huso caído de la rueca de una bruja!
¿Creía que por fin se había desvanecido? ¡El enano se agigantaba entonces entre la luna y yo, como el campanario de una iglesia gótica, con un cascabel de oro tintineando en su gorro puntiagudo!
Pero enseguida su cuerpo se azulaba, diáfano como la cera de una vela, su rostro empalidecía como la cera de un pabilo, y, de pronto, se extinguía.


Aloysius Bertrand. Gaspar de la Noche - Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot. Traducción de Marcos Eymar. Edit. Augur Libros. Primera edición: noviembre de 2008






M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Scarbo. Joaquín Achúcarro, piano. Ensayo, 2001


M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Scarbo. Orquestada por Marius Constant (1925-2004) en 1990. Orchestre de Paris. Dir. Christoph Eschenbach. Ondine,2004



[La rutina de pruebas y consultas hospitalarias ha vuelto y además de ello esta condesa tiene ahora mismo demasiados frentes abiertos para poder entrar en la blogocosa con cierta regularidad. Cuando lean esto llevaré ya casi dos días sin abrir un ordenador (De hecho, esta entrada está programada desde el miércoles a muy primera hora). Es probable que no haya esta vez contestación a sus comentarios. Me resulta imposible. Sí quiero agradecerles a todos la atención demostrada a lo largo de esta larguísima entrada. Yo me divertí haciéndola y aprendí. Espero que les haya satisfecho. Hasta lo más pronto que pueda]

martes, 17 de noviembre de 2009

V. Gaspard de la Nuit - Le gibet (El patíbulo)


Le gibet. Grabado de Rembrandt de la edición de Gaspard de la nuit de A.Bertrand, publicada en París, en 9146 por Chantenay.


Louis (Aloysius) Bertrand - Gaspard de la Nuit

Recita: Carole Bouquet. Deutsche Textbeilage. Ondine Inc., 2004




El patíbulo

¿Qué será eso que se agita alrededor del patíbulo?

Fausto





¡Ay! ¿Eso que oigo será el aullido del cierzo nocturno, o el suspiro del ahorcado en el patíbulo?
¿Será algún grillo que canta acurrucado en el musgo y la hidra estéril con que, por piedad, se calza el madero?
¿Será alguna mosca que caza mientras hace sonar su trompa para esos oídos sordos al estrépito de los gritos de acoso?
¿Será algún escarabajo que, con su vuelo errático arranca un cabello ensangrentado del cráneo pelado?
¿Será quizás una araña que borda media ana de corbata de muselina para ese cuello estrangulado?
Es la campana que repica en los muros de una ciudad, bajo el horizonte, y el esqueleto de un ahorcado al que enrojece el sol poniente.


Aloysius Bertrand. Gaspar de la Noche - Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot. Traducción de Marcos Eymar. Edit. Augur Libros. Primera edición: noviembre de 2008






M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Le Gibet. Joaquín Achúcarro, piano. Ensayo, 2001


M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Le Gibet. Orquestada por Marius Constant (1925-2004) en 1990. Orchestre de Paris. Dir. Christoph Eschenbach. Ondine,2004

sábado, 14 de noviembre de 2009

IV. Gaspard de la Nuit - Ondine (Ondina)



Ondine. Grabado de Rembrandt de la edición de Gaspard de la nuit de A.Bertrand, publicada en París, en 1946 por Chantenay.



Louis (Aloysius) Bertrand - Gaspard de la Nuit


Recita: Carole Bouquet. Deutsche Textbeilage. Ondine Inc., 2004




Ondina

... me parecia escuchar
una vaga armonía que mi sueño encantaba
y junto a mí un murmullo naciente que me recordaba
los cantos entrecortados de una voz triste y tierna.

CH. BRUGNOT, Los dos genios





- ¡Escucha! ¡Escucha! Soy yo, Ondina, quien roza con gotas de agua los losanges sonoros de tu ventana iluminada por los mustios rayos de la luna; he aquí, con vestido de muaré, a la dama del castillo que contempla desde el balcón la hermosa noche estrellada y el hermoso lago durmiente.
"Cada ola es un espíritu que nada en la corriente, cada corriente es un sendero que serpentea hacia mi palacio y mi palacio fue edificado fluido, en el fondo del lago, en el triángulo del fuego, la tierra y el aire.
"¡Escucha! ¡Escucha! ¡Mi padre golpea el agua estridente con una rama de aliso verde, y mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas islas de hierbas, de nenúfares y de gladiolos, o se burlan del sauce caduco y barbudo que pesca con caña!

*

Murmurada su canción, me rogó que recibiera su anillo en mi dedo para ser el esposo de una ondina, y que visitara con ella su palacio para ser el rey de los lagos.
Y al responderle yo que amaba a una mortal, ella, ceñuda y despechada, derramó algunas lágrimas, lanzó una carcajada y se convirtió en cellisca que culebreó blanca por mis vidrieras azules.


Aloysius Bertrand. Gaspar de la Noche - Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot. Traducción de Marcos Eymar. Edit. Augur Libros. Primera edición: noviembre de 2008






M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Ondine. Joaquín Achúcarro, piano. Ensayo, 2001


M.Ravel (1875-1937). Gaspard de la Nuit - Ondine. Orquestada por Marius Constant (1925-2004) en 1990. Orchestre de Paris. Dir. Christoph Eschenbach. Ondine,2004

jueves, 12 de noviembre de 2009

III.Gaspard de la Nuit - Maurice Ravel

Cuando el pianista catalán Ricard Viñes (uno de los más prestigiosos de su época) le prestó a su amigo Maurice Ravel en 1896 el ejemplar que poseía del Gaspard de la nuit de Aloysius Bertrand, ninguno de los dos sabía probablemente el alcance que este gesto tendría doce años después. Tanto impresionó a nuestro compositor el conjunto de poemas que, pasado un año, su compañero y colega tuvo que recordarle que se lo devolviera. Y precisamente su amigo desde la adolescencia será el que defina de forma soberbia al compositor, cuando escribe en su diario que Ravel se sentía atraído por todo lo que era "poesía, fantasía, precioso y raro, paradójico y refinado". Definición muy significativa además, teniendo en cuenta el contenido del libro de Bertrand.

Porque este compositor nacido en Ciboure es quizá uno de los exponentes más claros de cómo diferentes y muy diversas influencias musicales pueden dar como resultado una perfecta paradoja. Y la primera de su vida lo constituye la procedencia tan diversa de sus padres. Era hijo de un educado y culto ingeniero ginebrino, creador del primer vehículo propulsado por gas, y de una pescadera que había pasado muchos años en el País Vasco español y que hablaba euskara. De hecho, él se crió acunado por las canciones de cuna que su madre le cantaba en vascuence y español, lo que constituirá posteriormente en su labor de creador una pertinaz y fértil fuente de inspiración. Y además él se sentía profundamente vasco y le encantaba que lo considerasen como tal.

Y, al igual que ocurrió en su vida, las obras de Maurice Ravel forman precisamente eso: una espléndida, continuada y coherente paradoja.

Compañero de estudios de Viñes en el Conservatorio de París desde muy jóvenes, pronto se dio cuenta de que nunca llegaría a ser un virtuoso del piano (tenía los dedos demasiado pequeños). Empezó a volcar entonces todas sus inquietudes musicales en la composición (siendo apoyado fervorosamente por su profesor Gabriel Fauré). Pero aunque siguieran diferentes especialidades, juntos continuaron explorando, investigando y divirtiéndose con la música. Incluso crearon un club muy particular, Los Apaches, en cuyo círculo se dieron a conocer, en première rigurosa, la mayor parte de las obras para piano de Ravel, cuya interpretación corría a cargo, naturalmente, de su amigo Viñes.

Catalogado de impresionista, la influencia de maestros como Couperin, Haydn o Schubert es tan importante como la de Borodin, Chopin, Debussy, Chabrier, Liszt o Mussorgski. Lo barroco y lo romántico, el post-romanticismo y el impresionismo. Lo antiguo y lo nuevo, las formas arcaicas de las pavanas o sonatinas, mezcladas con el ritmo de vals o los modelos más típicamente románticos.

Pero no se formen de él un concepto equivocado. No fue un copión. Nada más lejos de ello. Fue uno de los más grandes en su faceta compositiva, tanto de piano como orquestal. Tuvo la enorme capacidad de retomar modelos antiguos y reconvertirlos en tipologías musicales totalmente nuevas. En muchos aspectos, siendo heredero de la pianística y los modelos tradicionales, compuso algunas de las piezas más transgresoras y nuevas que se hayan creado para este instrumento siendo, al tiempo, uno de los que mejor supo entender el pensamiento de músicos predecesores orquestando la obra pianística de algunos de ellos.

Se podrían escribir muchas páginas sobre esa mezcla exquisita, preciosa, tejida a modo de un encaje, que forma la totalidad de su corpus musical. O sobre lo que representan sus Miroirs, Jets d'eau, Valses nobles et sentimentales, la Sonatine, Le Tombeau de Couperin, La Sérénade grotesque, Le Menuet sur le nom d'Haydn, su Prélude o sus piezas À la manière de Borodine, À la manière de Chabrier, la Pavane pour une Infante défunte, la Alborada del Gracioso o Le Menuet antique. Pero doctores tiene la iglesia que se lo contarán mucho mejor que yo y por eso les remito a los textos de especialistas tan importantes como André Thomas, Étienne Rousseau-Plotto, Luis Gago o la propia Angela Hewitt, una gran intérprete y conocedora de su obra. En ellos me he apoyado yo para escribir esta entrada (del texto de la última he usado la traducción francesa de Marie Lucchetta). En ellos podrán descubrir Vds. también de qué manera la música antigua se reinterpreta de forma novedosa y rica, conservando la esencia anterior. Al fin y al cabo se adelantó a su época y podríamos decir, permítanme la broma, que todo su obra está imbuída de una exquisita, minimalista y preciosista "deconstrucción musical", utilizando una técnica compositiva impecable, fruto de la cual surge una obra original y que lo define sin ningún género de dudas, sonando además (y principalmente) maravillosamente bien.

Pero centrémos en la composición que representa una de las cumbres del repertorio pianístico: Gaspard de la nuit.

Al igual que su admirado Mozart, era capaz de escribir dos obras radicalmente distintas a la vez (otra de sus innumerables paradojas) y en 1908, al tiempo que finalizaba su deliciosamente luminosa Ma Mère l'Oye (Mi madre la Oca), se sumergía en la oscuridad profunda e inquietante de Gaspard de la nuit. Su padre había muerto muy poco tiempo antes.

En julio de ese año, poco antes de la publicación de su obra, Ravel escribía a Ida Godebska con su habitual humor: "Después de larguísimos meses de gestación Gaspard de la nuit va a ver la luz... El culpable sin duda ha sido el diablo, lo que es lógico puesto que es el autor de los poemas".

Es casi con toda seguridad su obra más moderna, más heterodoxa. El culmen de una trayectoria iniciada en Miroirs.

En la primera parte, Ondine (Ondina), tenemos la "impresión" de escuchar continuamente a su protagonista aparecer y sumergirse en el agua, ora amable y enamorada, ora con desdén y despecho. Cualquier influencia romántica, especialmente de Liszt, ha desaparecido. Debussy está particularmente presente. La forma en que Ravel describe y evoca el claro de luna que convierte el lago en un espejo es sencillamente genial. La ondina canta después tierna y melancólicamente, pero ante el rechazo de su amado mortal, un pasaje fortissimo nos hace sentir su enfado y su risa despectiva.

Le gibet (El patíbulo) nos remite a un angustioso y repetitivo sonar de campanas, de fúnebres augurios, conseguido gracias a un ostinato sincopado de dos notas en Si bemol, que se repite machaconamente durante los 52 compases de la pieza, con un marcado olor a muerte y apoyado en sonidos aparentemente faltos de expresión. Como un soniquete constante que imita a la perfección el tañer de una campana lejana.

Y ese crescendo profundamente renovador desemboca en Scarbo, una partitura que exige una técnica depurada y un virtuosismo más que respetable. Son auténticas piruetas compositivas, pero dentro de una estructura musical perfecta y de un esqueleto "sencillamente" musical, no obstante lo endiablado de la escritura. Y también es la uña de Scarbo, arañando las cortinas de seda (como si del propio diablo se tratase) y la piel de quien está encerrado con él en la habitación, muerto de miedo. Él mismo describió esta tercera pieza como una transcripción orquestal para piano. Y precisamente en esta tercera parte es donde se muestra claramente otra de las paradojas del compositor y su música: no sólo hacer de lo antiguo algo moderno, sino conseguir la perfección, desde la complejidad técnica y la aparente simplicidad artística y musical.




*************************


Para terminar, dos breves reseñas de las versiones que les he traído. Esta vez prometo que sí lo serán. Sólo para que conozcan mi opinión al respecto. Porque, a fin de cuentas, lo que vale es la que les sugiera y sepa crear en Vds.




No hay virtuoso que se precie que no haya interpretado el Gaspard de la nuit de Ravel. Con resultados muy desiguales, todo hay que decirlo. No es fácil tocar, en especial, la partitura de Scarbo y si alguna vez la han escuchado en directo habrán podido comprobarlo. De las diversas versiones que tengo por casa he estado dudando entre la de Angela Hewitt y la que les traigo de Joaquín Achúcarro pero, finalmente, me he decidido por esta última. Aunque dura casi un minuto más que la primera y, en teoría no se apreciaría tanto la capacidad técnica del intérprete, me ha parecido más sutil, delicada y que ha sabido entender mejor el concepto de la pieza musical y del texto de Bertrand. Además no es la primera vez que les confieso mi admiración por el sonido que este veterano concertista (otro vasco), es capaz de sacar al rey de los instrumentos musicales. Aunque mucho mejor que yo lo dice él mismo: "Puedo asegurar que mi versión de Gaspard de la nuit es la más lenta jamás grabada, pero así siento esta maravillosa música. A Ravel hay que tocarlo sin que el virtuosismo técnico esconda la poesía y la intensidad expresiva que encierra".

Pues eso, no hay más que añadir.





Ravel no sólo escribió música para piano. También fue un excelente compositor orquestal. Y empleo a propósito la palabra porque refiriéndonos a él, parece más lógico hablar de "música orquestal" que de "música sinfónica" puesto que su orquesta recuerda a un coro de instrumentos donde ninguno prevalece sobre otro. Realmente, la mayor parte de su producción orquestal, salvo las óperas, Daphnis et Chloé, la Valse y dos conciertos para piano, son transcripciones propias y ajenas de obras pianísticas. Propias a lo largo de casi toda su vida, como Tombeau de Couperin, Pavane pour une Infante défunte, Menuet antique, Miroirs, Alborada del gracioso, Valses nobles et sentimentales, La Habanera, Ma mère l'Oie y Une barque sur l'océan. Ajenas, como diversas piezas de Debussy, Satie, Chopin, Schumann, Chabrier o la archifamosa versión orquestal de "Cuadros de una exposición" de Mussorgski, realizada 50 años después de que el ruso compusiera la obra para piano. Versión en la que supo entender al compositor maldito probablemente como ningún otro. Una matización. Nunca sus obras orquestadas restaron un ápice de interés a las propias obras pianísticas pues es tal la fuerza de éstas (tanto las suyas como las de otros) y tan respetuosa su transcripción que todas las versiones han podido convivir perfectamente sin que las primeras hayan eclipsado nunca a las segundas.

Pero, curiosamente, su obra pianística cumbre tuvo que esperar mucho más tiempo a ser transcrita para orquesta. La realizó Marius Constant en 1990, por encargo de los herederos directos del compositor vasco y las Éditions Durand. Emprendió la tarea con admiración, respeto y mucho miedo, siendo consciente del privilegio que la tarea encomendada representaba. Siguió el ejemplo y la técnica que Ravel había empleado para la obra de Mussorgski. Fruto de ese esfuerzo y trabajo surgió la versión que escucharán Vds. A mí me parece digna, hermosa, fiel y respetuosa con el original. Pero repito que serán Vds. mismos los que se formarán, al degustarla, su propia opinión. Decirles además que de esta grabación orquestada que oirán dentro de muy poco, he tomado la versión recitada del original literario, con la voz sugerente y especial de Carole Bouquet.



*************************


Y bueno, con esta entrada se acabó la tortura teórica a que les he sometido. A partir de ahora, el texto y la música de Gaspard de la nuit se adueñarán de esta bitácora. ¡Ya era hora! Dentro de tres días podrán disfrutar de la primera de las tres piezas. El mismo intervalo de publicación tendrán sus dos hermanas. Les prometo que cumpliré los plazos (de hecho, ya están listas para la tecla naranja).


Les agradezco especialmente a todos la atención dedicada a estas tres primeros capítulos, más áridos de lo habitual y sin el aliciente de la música. Y también porque precisamente gracias a la preparación de ellos, yo he aprendido a entender algo mejor las dos piezas: la literaria y la musical. Mis disculpas si les he aburrido. Estoy segura de que, con su generosidad habitual, sabrán perdonarme.

Buenas noches.