Un regalo de Sergio Astorga

miércoles, 28 de enero de 2009

Preludio al silencio y testimonio vital

Para Fritus, germanófilo malgré lui



En 1991 tuve la tremenda suerte de asistir a un seminario que el compositor José Peris daba en la UAM, de cuyo Departamento de Música era director. A uno le puede gustar más o menos su obra, pero les aseguro que es un personaje al que me fascinó conocer: despistado, buen conversador, divertido y con un marcado sentido pedagógico de la enseñanza musical. Un día, charlando fuera de clase, me dijo algo que no he olvidado desde entonces. Sus palabras, más o menos, fueron las siguientes: "Lo que voy a decirle causaría sarpullido a los críticos, pero prefiera Vd. siempre un concierto en directo a cargo de un artista no excesivamente brillante, incluso algo mediocre, a la mejor grabación digital realizada por el intérprete más insigne. La emoción que seguramente le cause la primera le enseñará más cosas y le propocionará más placer que la segunda". No me atreví a objetar aunque en mi fuero interno no estuviera muy de acuerdo con ello. Con el paso del tiempo, salvo que el intérprete sea rematadamente malo, le voy dando cada vez más la razón.

Toda esta larga introducción viene a cuento para intentar subrayar que, por mucha música ADD o DDD que uno escuche, pocas cosas hay comparables a la sensación que produce la escucha de una interpretación en directo.

Ayer asistí al concierto que Elisabeth Leonskaja daba en el Auditorio Nacional de Madrid, dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes que desde hace 14 años organiza la revista Scherzo. Y la máxima de Peris se quedó corta porque a la emoción que produce la audición en directo se unieron otros dos factores: el que ella sea uno de los Grandes (así, con mayúscula y haciendo honor al nombre del ciclo) del piano en este momento, y el que las obras elegidas para el recital fueran piezas especialísimas: las tres últimas sonatas para piano de Ludwig van Beethoven.

Les puedo asegurar que hubo magia. Esta dama georgiana de 63 años, vital pero serena en sus gestos y todavía con un cierto aire juvenil en su ademán y su porte (a pesar de que su vestuario lleva la impronta inconfundible de todas las intérpretes de la extinta Unión Soviética desde hace 50 años), sacó del Steinway & Sons un sonido especialísimo. He hecho hincapié en la edad porque seguramente el hecho de haber vivido le otorga, no sólo mayor virtuosismo técnico si cabe, sino fundamentalmente la posibilidad de entender y comprender mejor una obra tan compleja. La madurez interpretativa de la Leonskaja y su indudable habilidad pianística se aunaron para ofrecer una versión espléndida de las sonatas 30, 31 y 32 de Beethoven (opus 109 a 111). Y fue espléndida y con duende a pesar de las toses, el sonido de los móviles, los movimientos continuos de aburrimiento en los asientos, la apertura de cremalleras de bolsos, el ruidito del celofán de los caramelos al ser desliados y, en general, la grandísima falta de educación para la pianista y los compañeros de audición por parte de un sector del público.

Pero no debemos perder de vista que el intérprete es sólo eso, un intérprete. Ninguno podría mejorar una obra mediocre o mala. Y ayer sonaron en el Auditorio las notas de tres grandes sonatas. Las tres de indudable calidad, las tres enormemente difíciles de interpretar y hasta de escuchar y entender. Las tres herederas de la sonata nº 29 "Hammerklavier" y las posibilidades compositivas que ésta abrió, las tres concebidas al tiempo y como una sola aunque su estructura y sus temas sean tan diferentes. Me van a permitir que hoy, tanto para no aburrirles en exceso como porque es una de esas composiciones que a uno se le quedan grabadas en el ánimo desde la primera vez que las escucha, me decante por la sonata nº 32. Es más, me voy a limitar a su segundo y último movimiento: Arietta: Adagio molto semplice e cantabile. Porque esta última sonata de Beethoven es mucho más que una sonata. Es un auténtico testamento vital.

Para orientales en la audición, les extracto a continuación algunas notas del texto escrito por Roberto Andrade para el programa de mano del concierto de referencia : "... Beethoven se despide de la sonata para piano mediante un tema con variaciones que engañosamente llamó "Arietta". La melodía en do mayor.... de extrema sencillez... pero sus elementos... revelarán un insospechado potencial generador... Cinco variaciones... de progresiva complejidad... Si la primera prolonga el ambiente del tema, el fugato de la segunda... intensifica el esquema rítmico. La tercera es la más brillante y virtuosista: la unidad de medida es la fusa y se potencian los contrates tímbricos y dinámicos... En la cuarta... la línea melódica, sincopada y disgregada, flota sobre un rumor de fusas en el bajo. La quinta, inmaterial y extática,... se une a una hermosísima coda, que recupera el tema transfigurado, para concluir, meditativa y apacible, en un más allá sonoro o "en un preludio al silencio" como certeramente escribió Alfred Brendel".

Hasta aquí la opinión de un experto y fiable musicólogo. Para mí, la obra representa otras muchas cosas. No sé si cuando dentro de un rato o mañana escuchen este movimiento con atención y cuidado les dirá lo mismo que a mí me dice. No es de extrañar que prácticamente nadie en su época entendiera la obra final de Beethoven. Los caminos que abrió musicalmente hablando el sordo de Bonn están todavía medianamente explorados. Escuchen esos ritmos sincopados (en torno al minuto cinco, dependiendo de la grabación). Seguramente no les resulte difícil imaginar que están en un tugurio de Nueva Orléans, o incluso en un "saloon" del lejano oeste o viendo un vieja película muda en un cinematógrafo de principios del siglo pasado. Déjense llevar. Sientan los continuos cambios de tempo, de ritmo, de notas y tonalidades dominantes. Noten cómo pasa de un paraje sereno, hermosisísimo, tranquilo, romántico, al más delirante, actual y moderno paisaje. Entre medias, hay espacio para la esperanza y la desolación, para la dulzura y la más inquietante ansiedad. Sientan el pulso, los cambios sin solución de continuidad, la auténtica tortura técnica con la que el compositor alemán pone a prueba la pericia del intérprete. En esta última sonata Beethoven juega, explora, descubre caminos nuevos, sonoridades hasta ese momento insospechadas y que no volverán a escucharse hasta sesenta o setenta años después. Tomando como base la estructura bachiana de la fuga, se va paseando por el clasicismo, dando carta de naturaleza al romanticismo y prefigurando y adelantando toda la música del siglo XX. Toma la música, la dilata, la estira, la reconvierte, la transforma, la desestructura... Viajen con esta pieza en el tiempo y en la belleza; en las sensaciones que es capaz de provocarles. Esta composición, como la novena, como el cuarteto para cuerda op.132 es un forma de decirle al mundo: "Aquí os dejo esto. He trabajado, explorado, descubierto, a pesar de no oír, a pesar de vuestra ignorancia y vuestro rechazo, a pesar de que no lleguéis jamás a enteraros mínimamente de lo que he llegado a conseguir y lo despreciéis. Es mi forma totalmente nueva y revolucionaria de entender la música, de abrir posibilidades técnicas y cromáticas pero, sobre todo, es la música como puro concepto, liberada de trabas y corsés estructurales. ¡Qué lástima que no sepáis apreciarlo!"

Lamento mucho no poder traerles para su escucha una grabación de la Leonskaja precisamente de esta pieza, pero es que no dispongo de ella. Con todo, creo que las que aporto no desmerecen, en absoluto, de la de la georgiana. Hoy me gustaría que escuchasen dos versiones de este último movimiento sobre el que hemos hablado. Son dos interpretaciones a cargo de otros dos Grandes (de nuevo con mayúscula) del piano del siglo XX: Wilhelm Backhaus y Solomon. Para mi gusto, las dos soberbias. Y completamente distintas.

Hacía mucho tiempo que no se lo proponía, pero me gustaría que jugásemos de nuevo a que me dijeran cuál de las dos les ha sugerido más o mejores emociones. Si les parece, de nuevo les dejo a Vds. la palabra sin expresar mi opinión al respecto (prometo hacerlo en los comentarios). No se empeñen en informarse acerca de la obra; se trata de saber qué les dice la música. Eso sí, debo avisarles de la larga duración de las grabaciones (unos 13 minutos la primera, 18 la otra), así como de que su sonido no es técnicamente perfecto, dado que ambas corresponden a registros muy antiguos. Pero esto no debe ser un inconveniente, sino una forma de ayudarles a ver cómo los continuos quiebros y cambios se van sucediendo. Escuchen y comparen. La imperfección del sonido puede que hasta les ayude. Y háganlo dejándose llevar, abriendo el ánimo y no la mente y disfrutando del testamento sonoro de quien revolucionó para siempre las estructuras y formas musicales.

L. van Beethoven. Sonata para piano nº 32, op. 111. II Arietta: Adagio molto semplice e cantabile
Wilhelm Backhaus. Grabado en Viena 25/05/1964. Virtuoso, 1988



L. van Beethoven. Sonata para piano nº 32, op. 111. II Arietta: Adagio molto semplice e cantabile
Solomon. Grabado en Londres el 16 y 24/05/1951. EMI, 1956,2005


domingo, 25 de enero de 2009

Kabila, "rey" de los unos...

Para Rafa, de Kabila, porque cumple 60 años y se jubila y ¡qué diantre!, porque sí



...et Primus inter Pares




Fasolt.- ¿Se puede señora?

Condesa.- Adelante Fasolt, te estábamos esperando.

Fa.- Siento ser el último. No encontraba el disco.

Freia.- Buenos días Fasolt... ¿El disco? Pero si no hemos decidido todavía nada. Yo estaba pensando en algo de Bach. Es el compositor fetiche del blog y sé que en el fondo le gusta.

Fa.- Pero señoras, él pasa la mitad del tiempo en Cataluña. Por una vez deberíamos elegir algo de un compositor de allí... Albéniz por ejemplo.

Co.- Vale ya. Rafael es mi amigo; a él le gusta lo italiano. Hoy es su día. Deberíamos regalarle algo de Puccini o Verdi.

Fr.- Bach...

Fa.- Albéniz...

Co.- Puccini...




Condesa, Freia, Fasolt... Sabéis de sobra que nunca intervengo en vuestros asuntos, que os dejo hacer y deshacer en el blog. Pero esta vez es distinto. Se trata de felicitar a Rafa y no quiero discusiones ni diferencias de opinión. Vengo a pediros que dejéis el protagonismo de las Variaciones en manos de alguien que no sois vosotros. Vengo a pediros que me lo cedáis a mí. La ocasión es tan especial que, sin que sirva de precedente, creo que el privilegio me corresponde. Gracias por vuestra comprensión. Mañana volveréis a esta bitácora, como siempre, y seguiréis mandando en ella, como siempre. Pero hoy no. Por un sólo día seré yo quien haga los honores... porque él es mi amigo y me apetece agradecérselo personalmente...


miércoles, 14 de enero de 2009

Morir en Gaza


No hay justificación posible para la masacre, la barbarie y el asesinato. Es indecente, inmoral, inicuo, indigno e intolerable, por mucho que lo disfracen de legítima defensa. Y hay que decirlo bien alto y bien fuerte. Con nuestra propia voz o con la de los que ya lo hicieron antes y mejor.









Dies irae, dies illa,
Solvet saeclum in favilla,
Teste David cum Sibylla.

Quantus tremor est futurus,
Quando Judex est venturus,
Cuncta stricte discussurus!

Tuba mirum spargens sonum
Per sepulchra regionum
Coget omnes ante thronum.

Mors stupebit et natura,
Cum resurget creatura,
judicanti responsura.








Bugles sang, saddening the evening air,
And bugles answered, sorrowful to hear.

Voices of boys were by the river-side.
Sleep mothered them; and left the twilight sad.
The shadow of the morrow wieghed on men.

Voices of old despondency resigned,
Bowed by the shadow of the morrow, slept.




Imagen: El Triunfo de la Muerte. Peter Brueghel. Museo del Prado (fotos tomadas por Paz Juan).
Música: War Requiem. B. Britten. New Philharmonia Orchestra y Chorus. Dir. C.M.Giulini. Barítono: Hans Wilbrink. Melos Ensemble. Dir. B.Britten. BBC Legends, 1969

jueves, 8 de enero de 2009

CUCO


Las manecillas caladas, blancas y regordetas. La barriga enorme, como un cofre del tesoro que articula y distribuye las horas. Las pesas de hierro descendiendo despacio y a compás. El mecanismo ruidoso y divertido. Tic-tac... Tic-tac... La sonnerie y los muñecos preparados. La ventana a punto de abrirse, en el momento justo y como siempre.

Y todo para indicar que el tiempo pasa cada vez más deprisa y sin remedio.


Marco Uccelini - "La Boda de la Gallina y el Cuco (Maritati insieme, la Gallina e il Cucco fanno un bel concerto)", para dos violines y bajo continuo.


Johann Heinrich Schmelzer - Sonata "Cucu", para violín y bajo continuo


Nicolaus a Kempis - "Symphonia 4. a 4. supra Cucuc, vel Sol mi".


Rheinisches Bach-Collegium
Klaus Peter Diller y Eva Dörnenburg, violín. Georg Haad, viola. Christina Kyprianides, cello. Wolfgang güttler, doble bajo. Gabor Antalffy, teclados. CPO, 1990

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Final de año

Como bien sabrán todos Vds., la administradora de este blog sufre, de tanto en tanto, sospechosos ataques de desdoblamiento o "split" (nada que ver con el que experimentan de forma regular las acciones del Mercado de Valores, especialmente las del sector financiero). Y hoy ha vuelto a ocurrir. La subsiguiente trinidad a la que dicho desdoblamiento da origen y que se manifiesta en esta bitácora cada vez con más harta frecuencia, se ha pasado unas cuantas horas intentando decidir qué música elegir para despedir el año. Les aseguro que no ha sido fácil, aunque los tres teníamos clarísimo desde un principio el intérprete... Creo que al final hemos conseguido llegar a un acuerdo, si es que puede considerarse un acuerdo que cada uno hayamos hemos elegido una obra distinta.

Llegados pues a este punto de conformidad, intentaremos hacerlo lo más breve y conciso posible.

[Como lo de utilizar el plural me crea ciertos problemas de personalidad, amén de parecerse sospechosamente al uso del Nos mayestático (y tengan por seguro que aunque el de Roma vista de blanco no goza en absoluto de mis simpatías), permítanme que a partir de aquí retome mi personalidad primigenia y utilice el yo a secas, que es más sencillo, a la par que coherente.]


Mañana, Daniel Barenboim dirigirá a la Filarmónica de Viena en el tradicional Concierto de Año Nuevo. La elección era firme desde hace mucho tiempo pero, pocas veces como en esta ocasión, la casualidad y la fortuna han ido tan de la mano. Desde el punto de vista técnico y artístico, el argentino-israelí-palestino-español es uno de los mejores directores de orquesta que existen en la actualidad (aún mejor director que pianista, lo que es decir mucho dado que es un soberbio y espléndido virtuoso del piano). En el plano de la calidad humana, creo que a nadie se le escapa la gran talla moral de este incansable músico que, junto con su fallecido amigo el filósofo estadounidense-palestino Edward Said, concibió, gestó y dio a luz ese hermosísima realidad que es la East-Western Divan Orchestra. Cuantas palabras pueda decir en su elogio sobran; la fama de sus conciertos y giras habla por sí misma.

Las interpretaciones de Barenboim que hoy aparecen en la entrada serán, como dije antes, tres y muy variadas. Todas tienen su razón de ser.

La primera porque, estando en el último día del año, la sonata "Les Adieux" (Los Adioses) de Beethoven (EMI, 1967) resulta especialmente apropiada. Y porque el primer movimiento que es el que va a sonar, además de tener por subtítulo el mismo nombre que lleva la obra [por contraposición al segundo y tercer movimientos que se llaman respectivamente "L'Absence" (La Ausencia) y "Le Retour" (El Regreso)], muestra una alternancia de tempi Adagio - Allegro, muy adecuada en un día dado, sin lugar a dudas, a los balances.



La segunda, porque de sobra saben Vds. que es una de mis piezas favoritas, aunque nunca hasta hoy la versión de este excelente intérprete ha estado en las Variaciones. Sí, acertaron. Estoy hablando precisamente del aria de las Variaciones Goldberg (Teldec, 1989).



La tercera, porque es una versión que cobra especial trascendencia debido a los malos vientos que soplan. Daniel Barenboim y la East-Western Divan Orchestra interpretan un fragmento de La Walkiria de Wagner en su concierto del pasado mes de agosto en París. Tengo que advertirles de la pésima calidad de la grabación y el sonido, tomados en directo. Las razones anteriormente expuestas me han llevado a incluírla a pesar de las deficiencias.




Quizá, y como he dicho antes, hoy es el día de los balances por antonomasia. Y yo no quiero librarme. Caeré, quiero caer deliberadamente en el tópico. El año pasado me dejó unas cuantas cosas malas y sólo dos en el platillo opuesto, pero tan excepcionalmente buenas que compensaron lo demás. Ahora es tiempo de no mirar más atrás y empezar a poner los ojos en el año nuevo que está a punto de asomar ya la nariz por la esquina.

Qué mejor música pues que la de tres compositores alemanes, interpretada por una orquesta de palestinos y judíos y dirigida e interpretada por un judío israelo-palestino-argentino-español, para acompañar mis mejores deseos en el nuevo año...

En primer lugar, me gustaría que la cordura le gane la batalla a la barbarie y la sinrazón ... Ya, ya sé que ahora mismo está fuera de las coordenadas de lo que entendemos por posible, lógico y real. Pero ya saben, por pedir que no quede. De todas formas, a los deseos, en muchas ocasiones y dado que son perezosos por naturaleza, hay que empujarlos suave pero firmemente para que se cumplan. Que hay formas de arrimar el hombro al respecto vamos, por pequeñas e inútiles o meramente simbólicas que nos parezcan.

En un terreno más doméstico y de andar por casa, me gustaría pedir para todos Vds. dosis razonables de salud, alegría, serenidad, dinero para sortear la crisis y enormes cantidades de esperanza , sentido común y cordura, que nos van a hacer mucha falta con los tiempos que corren. Como dicen los franceses, lo demás... ça ira de soi. Eso sí, no me dejen sola. Empujen Vds. un poquito también.


¡Feliz Año a todos!

sábado, 27 de diciembre de 2008

¡Malditos!





¡¡¡Malditos y asesinos!!!



[Quizá esta entrada debiera haberse titulado "La matanza de los inocentes" pero claro, ya se sabe que los dirigentes sionistas del estado de Israel y responsables directos de la masacre cometida en Gaza, sólo reconocen, hablando en términos de ideología religiosa, el Antiguo Testamento].




martes, 23 de diciembre de 2008

Historia de la Natividad

Señores... hoy toca alemán. Y no vayan a quejárseme ahora, que entre musiquillas ligeras, veranos, memes, microrrelatos y parones (no sé si biológicos o técnicos) el caso es que llevan Vds. meses librándose de un tudesco. No obstante, si quieren italianos, no dejen de pasarse por Kabila. Les aseguro que vale la pena.

Estamos en Navidad, de modo que qué mejor momento para programar esa música que nació con el objeto de festejar el que seguramente sea el mayor motivo de celebración de la Iglesia católica y aun de la protestante: el Nacimiento de Jesús.



Sean Vds. creyentes o no, lo cierto es que la mayor parte de aquellos a quienes gusta parar por este blog ha nacido y pasó al menos una parte de su infancia inmerso en un ambiente católico, ya sea en el ámbito familiar, en el de la escuela o en ambos. Puede que hasta fuera a misa de pequeño y tomase parte activa en los ritos de la religión católica. Incluso los que no se criaron bajo esa mano de hierro que representaba la Iglesia, seguramente ponían el belén cuando niños y hacían cola para ver a los Tres Reyes Magos que venían de Oriente. Lo queramos o no, la historia sagrada cristiana ha formado y forma parte de nuestro entorno y nuestra cultura. La vemos continuamente en los museos, en las catedrales, bajo forma de lienzo, mármol o madera. A veces (demasiadas veces todavía), hasta la sufrimos por mor de esa pandilla de dirigentes eclesiásticos, mercachifles de la religión y las creencias a los que, seguramente, Jesús echaría del templo sin dudarlo un segundo y que con frecuencia provocan la indignación y el sentimiento de vergüenza ajena en creyentes que viven sus ideas con honestidad.

Y en medio de este panorama, también está la música. Todos los años se programa El Mesías de Händel o el Oratorio de Navidad de Bach. Son tan clásicos como las Pasiones del "viejo pelucas" o El Oficio de Difuntos de Tomás Luis de Victoria durante el tiempo de Semana Santa.

Todos saben de mi debilidad por los alemanes. Y la música de uno de ellos ha venido, con relativa frecuencia, a formar parte de las entradas de esta bitácora. Reconozco que es una de mis mayores debilidades. Estoy hablando de Heinrich Schütz. Y no es que yo lo diga. A juicio de algunos expertos es, después de Bach, el más grande compositor alemán del siglo XVII.

Hijo de un próspero posadero, desde muy joven se benefició del patronazgo del Landgrave Moritz de Hessen-Kassel, que pagó su formación académica y lo envió a Venecia a estudiar con Gabrieli (allí conocería también a Monteverdi). Schütz correspondió con igual lealtad y durante toda su vida permaneció ligado a la corte de Dresde.

No se preocupen ni se me inquieten. No voy a atosigarlos con excesivos datos sobre su biografía. Pero sí que quiero recordarles que fue el primer compositor alemán que abandonó el latín en sus obras, en beneficio de su lengua materna. Y eso, aunque pueda parecer baladí y sin importancia, representó en el siglo XVII un gran avance técnico-vocal y de pensamiento.

Otra de los rasgos característicos de la música de Schütz es que, aunque suele dar más énfasis a la palabra (la parte coral), ésta forma sin embargo un todo, una unidad indisoluble, con la música. En ninguna otra obra además esa unión tendrá el encanto y la ingenuidad con que se muestra en La Historia de la Natividad, la pieza que hoy les traigo. Como anécdota les diré que su título completo es "Historia de la Natividad feliz y misericordiosa del Hijo de Dios y de María, Jesucristo" y en ella se narra la historia del nacimiento de Cristo, tal y como se cuenta en los Evangelios de Lucas y Mateo.

Publicada bajo su forma definitiva en 1664, es muy probable que una primera versión fuese estrenada varios años antes, puesto que ya en 1660, en el Diario de la Corte y en la fecha correspondiente al día de Navidad, se habla de una interpretación de vísperas del "Nacimiento de Cristo, in stilo recitativo". Estamos pues ante una obra realizada casi al final de su vida. Aunque les asombre, está compuesta por un anciano, entre los 75 y los 79 cumplidos, marcado profundamente, entre otras vicisitudes, por la Guerra de los Treinta Años.

Los antecedentes de esta composición no hay que buscarlos en Alemania, sino en las obras de los italianos Luigi Rossi y Carissimi. Lo que hace Schütz sobre esa base "del sur", es "germanizar" el género de los Oratorios de Navidad, dotando a esta pieza de un fervor luterano típico en toda su obra, además de ese intento (que también era clásico en él) de imbuir muchas de sus composiciones de un cierto espíritu popular, casi naïf; de ese aire que él recordaba en las celebraciones navideñas de su infancia.

La construcción de la obra es un tanto curiosa. Los Intermedia del Ángel o la cohorte celestial están acompañados siempre por instrumentos de cuerda, mientras que los correspondientes a las voces que representan a los mortales son arropadas por instrumentos de viento. Como he dicho antes, la parte vocal prima pero la música es parte fundamental del mensaje de la obra. Por supuesto, la utilización de dos coros, de nueve voces cada uno, separados espacialmente y que constituye otra de las características más definitorias del estilo de Schütz, se da también en esta obra.

No quiero aburrirles en exceso, de modo que basta por hoy. Dejemos que la música hable, suene, cante. Para satisfacer su natural curiosidad les acompaño el texto original en alemán, con una traducción a cargo de quien esto les escribe, apoyada (para alguna que otra frase) en el francés (se admiten correcciones, réplicas y contrarréplicas). No obstante, les recomiendo que en una primera audición se dejen llevar por el encanto de la música y la sonoridad de las palabras alemanas. Después, si les apetece, oiganla de nuevo con el texto a la vista. Sigan ese orden. Creo que no se arrepentirán...

¡Ah!... y no se olviden, cada vez que escuchen las grandes composiciones de Navidad de Bach o Händel, de este viejo septuagenario, vivido y viajado, que conservaba intacta en su música la ingenuidad de un crío del siglo XVI. No se olviden de él porque el Oratorio de Navidad y el Mesias le deben más de lo que buena parte de los entendidos le conceden.

Por supuesto, no quisiera terminar este ya larguísimo post sin desearles a todos Vds. (celebren o no estas fiestas con un espíritu religioso) paz, armonía, serenidad, belleza y un mucho de cordura, que andamos muy escasos de ella en los tiempos que corren.

Les dejo con la magia de Heinrich Schütz. Feliz Navidad.








EVANGELIST

Und alsbald war da bei dem Engel die Menge der himmlischen Heerschaaren, die lobeten Gott und sprachen:

DIE MENGE DER ENGEL

Ehre sei Gott in der Höhe. Friede auf Erden und den Menschen ein Wohlgefallen.


EVANGELISTA

Y en aquel instante, se unió al Ángel una gran parte de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo:

GRUPO DE ÁNGELES

¡Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!







EVANGELIST

Und da die Engel von ihnen gen Himmel fuhren, sprachen die Hirten unter einander:

DIE HIRTEN AUF DEM FELDE

Lasset uns nun gehen gen Bethlehem, und die Geschichte sehen, die da geschehen ist, und der Herr uns kund getan hat.

EVANGELISTA

Cuando los ángeles los hubieron dejado para subir al cielo, los pastores se dijeron los unos a los otros:

LOS PASTORES DEL CAMPO

Vayamos a Belén y veamos el suceso que ha acaecido y que el Señor nos había anunciado.






EVANGELIST

Und si kamen eilend und fanden beide, Marien und Joseph, darzu das Kind in der Krippen liegend, da sie es aber gesehen hatten, breiteten sie das Wort aus, welches zu ihnen von diesem Kinde gesaget war, und alle, für die es kam, verwunderten sich der Rede, die ihnen die Hirten gesaget hatten; Maria aber behielt alle diese Wort und beweget sie in ihrem Herzen, und die Hirten kehreten wiederum, preiseten und lobeten Gott um alles das sie gesehen und gehöret hatten, wie dem zu ihnen gesaget war. Und da acht Tage um waren, dass das Kind beschnitten würde, da ward sein Name genennet Jesus, welcher genennet war von dem Engel, ehe denn er im Mutterleibe empfangen ward.

DIE WISEN AUS MORGENLANDE

Wo ist der neugeborne Köning der Juden? Wir haben seinen Stern gesehen im Morgenlande und sind kommen ihn anzubeten

EVANGELISTA

Y fueron allí y encontraron a María y José, y al Niño acostado en un pesebre. Después de haberlo visto anunciaron la revelación que les había sido hecha a propósito de este Niño. Y todos los que los oyeron se admiraron de lo que decían los pastores. Pero María conservaba cuidadosamente el Verbo, meditándolo en su corazón. Y los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído, según lo que les había sido anunciado. Habiéndose cumplido los ocho días para la circuncisión del Niño, fue llamado Jesús, nombre que el Ángel le había dado antes de que fuese concebido en el seno materno.
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos de Herodes, he aquí que unos Magos llegaron desde Oriente a Jerusalén diciendo:

LOS MAGOS DE ORIENTE

¿Dónde está el rey de los Judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo.

[Datos para la elaboración del texto, a partir de ensayos de Roger Tellart y Jean-Luc Macia. Fotografía: Tríptico de la Adoración de los Magos. Hans Memling. Museo del Prado]