Un regalo de Sergio Astorga

domingo, 1 de noviembre de 2009

I. Gaspard de la Nuit - Preludio



Como dejar transcurrir el tiempo y consultar las cosas con la almohada nos hace moderarnos en actitudes, razonamientos y empeños, a lo largo de estos días he tomado la decisión de efectuar la rentrée (en sentido musical estricto) no con música de "bárbaros tudescos", sino con una afrancesada y sutil.

Todos Vds. conocen mi debilidad por Debussy. Durante este año varias piezas suyas han complementado las entradas de este blog. Sin embargo, hasta hace bien poco Ravel no había entrado a formar parte del menú musical de la bitácora y no por falta de ganas, ténganlo por seguro.


Maurice Ravel (1875-1937)




Debo reconocer que tardé en disfrutar de la música de don Mauricio a causa de su Bolero. Les confesaré que no lo soporto... y les aseguro que lo he intentado, pero es que no hay manera. Sus aires orientales y su tema repetido hasta la saciedad siempre me han alterado los nervios. Comprendan además que nunca he sido una admiradora de Bo Derek... toda ella tan estirada y turgente.

Por eso (les confieso mi estupidez) fui dejando de lado su música. Realmente redescubrí a Ravel la primera vez que escuché en directo Ma Mère l'Oye (Mi Madre la Oca), dirigida en el Auditorio de Madrid en abril de 1994 por un Giulini en estado de gracia. Inmediatamente después vino la Pavana para una infanta difunta y, a partir de ahí, toda su obra para piano: Los Valses nobles y sentimentales, Sonatina, Minueto antiguo, La tumba de Couperin, Espejos, etc. etc. Después vendrían ya las obras orquestales, de cámara, líricas y vocales, aunque reconozco que siempre vuelvo una y otra vez a sus composiciones para piano solo. Definida su obra al igual que la de Debussy como claramente impresionista, ciertas piezas se convierten en auténticos encajes de holanda, tejidos y entretejidos con una sutileza y delicadeza extremas.

Pero de todas esas piezas para piano que el tiempo y excelentes interpretaciones me han ido regalando, la obra que desde hace años me encandila y confieso es mi favorita es Gaspard de la nuit. Porque es un punto y aparte tanto en su composición como estilística y técnicamente hablando. Además, me he pasado las vacaciones de este verano y del anterior escuchando a todas horas precisamente esa música...

Y puesto que el post va hoy de confesiones, les diré que lo que están leyendo ahora forma parte de un viejo proyecto que se quedó en el cajón hace más de un año. No me encontré de repente con ganas de terminarlo y empezó a acumular polvo. Ni siquiera cuando cayó en mis manos el libro en el que está inspirada la música de Ravel me vi con ganas de iniciar la entrada. Eran tantas cosas las que quería decir que no sabía por dónde empezar ni cómo desarrollarlo. Sin embargo hace unas cuantas mañanas, escuchando de nuevo la música, a esta condesa le vino la ventolera y con la energía que sólo dan los repentes se puso a ello con renovada fuerza. Y hete aquí, por fin, la entrada que debía, me debía y les debía desde hace 13 meses.


Este post de hoy, en contra de mi costumbre, va sin música pero todo tiene su razón de ser. Ésta es la primera entrega de seis (tarde, pero contundente) que dedicaré al Gaspard de la Nuit: el Preludio, sobre el que ahora reposa su mirada; las dos Entradas, que van de teoría y en la que les soltaré el rollito sobre lo poco que sé acerca del texto y la música respectivamente, y una por cada una de las partes en que se divide, tanto la obra musical como los trozos del texto en que aquélla está basada. Eso sí, deberán considerarla como un todo único e indivisible puesto que tiene unidad formal y de fondo. Porque me apetece que la escuchen, oigan, lean y admiren en su totalidad. Sí, no me repito. Quisiera que primeramente, una vez introducidos en mi porqué y en el de la obra, oigan el texto original que Aloysius Bertrand imaginó. Lean detenidamente después su traducción al castellano. Por cierto, les recomiendo vivamente que le echen un vistazo al libro. Su cuidadísima edición, el tacto de su papel o de la lisura de su portada y el olor que desprenden sus páginas ya merece el precio del mismo. Es más, yo les aconsejaría que pidiesen a alguien que se lo regalase: se vuelve aún más valioso.


Louis-Jacques-Napoléon “Aloysius” Bertrand (1807-1841)



Y les aconsejo que terminen cada episodio escuchando una versión de la obra de Ravel a piano (como originariamente fue creada) y una versión orquestal, hermosa y dignísima, transcrita por Marius Constant en 1990. Serán bastantes minutos de escuchar y leer (ése es uno de los motivos de haber dividido esta entrada en capítulos; para no cansarles ni convertirles en aburrida una obra delicada, frágil y bellísima. Aunque les repito que deben considerarlos como un todo), de modo que tengan paciencia y racionen lecturas y audiciones, que las sobredosis no son buenas. Tendrán las completas fichas biblio y discográficas en cada una de las mini-entradas.

Les aseguro que es para escuchar y leer con calma, despacio y disfrutar Gaspard de la Nuit como si de un bocado de alta cocina se tratase (me da igual si les gusta la tradicional o la creativa o ambas. Ustedes eligen). Técnicamente es una obra innovadora, rompedora que diría un joven de los de hoy, pero no se fijen exclusivamente en eso. Dedíquenle el tiempo y la tranquilidad que se merece. Seguro que la serenidad, esa dama huidiza y casquivana, les hace el regalo de su compañía...


Buenas tardes.


12 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Querida Condesita, me alegro de aprender, nunca es tarde. De Ravel sólo conocía el bolero y la de la Pavana, así es que me dispongo a buscar la obra y a escucharla para poder estar preparado para su siguiente entrada.
Por cierto lo de dar las gracias a Adanero no tiene nombre, ¿qué será lo próximo? ¿no era nuestro enemigo acérrimo y mi rival eterno? No juguemos con las cosas de comer, que luego pasa lo que pasa.
Y aquí quedo, a la espera de la historia sobre Garspard de la Nuit.

Besos sus manos y quedo a sus piés.

Salud y República

Freia dijo...

Mi querido Rafael. Me permito aconsejarle que no busque la música de Ravel. Los diversos capítulos son un todo y me gustaría que escuchasen la música al final (yo se la traeré a todos Vds.), después de haber leído algo de teoría sobre cómo se gestó el libro y sobre la música de don Mauricio.
Si es un poquito paciente, al final podrá escuchar el texto, la música de piano y la orquestal al tiempo y seguramente le guste más.

Don Rafael, lo cortés no quita lo valiente y, de vez en cuando (sólo de vez en cuando), hay que darle al César lo que es del César...

Un beso fuerte

anarkasis dijo...

...pues buenas tardes.
arreglo la tarjeta de sonido y me arrea usté un post sin música....
joé, joé, joé, y joé.
El texto con el que nos da en tolajeta, tampoco, buenooooo,
y dice que van a ser 6 post, ni uno, ni dos, ni tres. Seis.

habrá que torearloS

Adanero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
María dijo...

He llegado a este blog saltando de uno a otro. Me llamó la atención el nombre. Me he reído con tu experiencia del bolero. Es cierto que hay piezas musicales que, a fuerza de su "mal uso", han acabado perdiendo parte de su dignidad. Ocurre, y mucho, con el pobre Mozart y su Rondó alla turca final de la Sonata nº 11 en La Mayor, con Beethoven y su "claro de luna" o el segundo movimiento de su sonata nº20, que machacaron al ponerla de sintonía para la serie de dibujos animados "Erase una vez el hombre" etc...
He de reconocer que también a mí el bolero me echaba para atrás, y por razones muy parecidas. Hace varios años, el pianista Christian Zacharias (para mí uno de los pianistas más didácticos y más musicales)se atrevió a interpretarla junto con la pianista Marie-Luise Henrichs (su mujer)en el ciclo de grandes intérpretes de Scherzo, en el Auditorio de Madrid. Aunque no me he atrevido a escucharla otra vez, esa interpretación me enganchó, entre otras cosas porque tenía la dificultad añadida de ser una reducción para dos pianos.
La música vocal de Ravel también es apasionante, y se programa muy poco (sobre el tema de las programaciones y la música contemporánea....).
Un saludo

Freia dijo...

Anarkasis

Querida, jajajaja. Es que últimamente no nos ponemos de acuerdo.
Pensé en un principio poner alguna otra obra de Ravel, pero eso habría roto la unidad de este post-río, de modo que decidí dejarles descansar.
Puedes cotillear cualquier otra música: los Cuadros de una Exposición, que no pudiste escuchar en su momento, por ejemplo (juas, juas, juas).
Espero que tus tres amantes y tus respectivas suegras gocen de buena salud.
Un beso muy especial, querida.

Adanero

Pues sí que entra fuerte Vd., sí. Vamos que me ha reventado las próximas 5 entradas. Me vengaré, se lo aseguro. No sé cuándo le temo a Vd. más: si cuando entra directamente como elefante por cacharrería en mi casa, o cuando intenta ayudar. Jajajaja, casi le prefiero en plan brutote. No sé, no me pega Vd. hablando en plan fino. Siempre pensé que eso se le daba mejor a su pariente el croissant. Por cierto, si ve a su prima Delgadina, déle recuerdos de mi parte.
Lo de la corona de César le habría quedado bien, aunque seguramente habrían terminado en Valladolidzzzzz con las existencias de laurel para confeccionar una corona que abarcase convenientemente su generosa testuz (juas, juas, juas... o ¿qué se había creído? ¿Que si se mete Vd. con mis años no iba a poder yo hacer lo mismo con su cabeza?).
Ya sé que Ravel ha sonado alguna vez antes en las Variaciones, pero no suele ser de los habituales y tenga en cuenta que cuando esta entrada fue escrita éramos todos algo más jóvenes.
Se ha quedado Vd. calvo. Que yo sepa la única traducción actualmente "encontrable" de la versión al español del Gaspard de la Nuit es la que Vd. cita que, por otra parte, le recomendé yo cuando le encargué el favor de que me editara la música.
He de decirle también que no enfada (qué palabro más feo cabrear) quien quiere, sino quien puede. Eso ni ha sido crítica literaria, ni musical, ni nada. Descuide, que no contaré nunca con Vd. para tales menesteres. Antes acudiría sin dudarlo a su colega de blog Genaro.
Y ya está siendo muy largo. Y efectivamente, algo le tengo preparado. No baje la guardia.

Agur, Benhur (que no se llevaba precisamente bien con ningún Caesar Imperator.

María

Bienvenida a esta casa. Y mucho más tratándose de una colega de abono del ciclo de Scherzo. Es posible que hasta nos conozcamos. Jajaja. Estaría bien. Después de 15 años, nos conocemos casi todos.
Coincido con Vd. en mucho de lo que dice. Yo no puedo evitar escuchar la marcha nupcial de Mendelsohnn, sin que me salga la frasecilla: "Case su ropa con Persil", claro que seguramente Vd. es mucho más joven y no lo recuerda".
Pero es que nunca soporté el bolero de Ravel, desde la primera vez que la escuché. Me gustó la forma en que Zacharias y la Henrichs la interpretaron pero, aun sí, tengo (y creo que tendré por siempre) esa pieza atragantada.
Tengo intención de publicar el segundo capítulo pasado mañana, a lo más tardar y espero verla por aquí. Su visita ha sido un placer.
El próximo martes, en el concierto de Mitsuko Dchida (qué ganas tengo de oírla en directo), me pondré un letrero bien grande que diga Freia, para que pueda reconocerme, jejejeje.
Bienvenida de nuevo. Un saludo.

María dijo...

Hola Freia, lo siento, hace un par de años que tuve que renunciar al abono de Scherzo y al de Cámara. Me quedé sólo con el de Lied. Los niños, y los problemas logísticos que acarrean, son la causa.
Como curiosidad, al tema de la "utilización" de la música se le puede siempre ver una cara positiva: "Probablemente poca gente irá hoy a un recital de Schönberg en Nueva York. En cambio, si tomas esos sonidos y los metes en una banda sonora, incluso en un taquillazo de terror de Hollywood, casan perfectamente. En el fondo, son patrones más que asumidos", las palabras son de Alex Ross, que ayer se pasó por Madrid para presentar su libro "El ruido eterno".
Volveré encantada por este blog.
Muchas gracias y otro saludo.

Freia dijo...

Hola de nuevo, María. Siento que tuviera que renunciar a sus abonos de Scherzo y de Cámara (yo de éste último sólo tengo ahora el A), pero el motivo bien vale la ausencia. La envidio.
LO mismo ocurre con Wagner. A priori, la gente oye la palabra y dice: "¡Cielos, qué horror!" y, sin embargo, les encanta la obertura del Tristán e Isolda porque no saben que es de él.
Le aseguro que es un placer contarla entre los lectores de este blog. Me estimula saber que hay gente que sabe mucho más de música que yo y le apetece pasarse por aquí.
Un saludo y hasta pronto

Gemma dijo...

Bueno, pues yo también me dispongo a cononcer de tu mano a Messié Gaspar y a Ravel, pues si nos dices que ambos combinan a las mil maravillas, seguro que es así. ;-P

Hoy he ido de arriba abajo en mi lectura, y de ahí que comente por estos pagos.
Un besazo bien gordo

Freia dijo...

Jajajaja Gemma. Me había ido a la siguiente entrada y resulta que el comentario está aquí.

Espero que no te resultes demasiado pesadas las dos siguientes entradas.
Las tres últimas serán más llevaderas.
Que conste que la culpa es vuestra. Os habéis empeñado tanto en que volviera a hacer una entrada pesadota que... ¡me he puesto y a la tonta a la tonta, me ha salido una tan grande que ha habido que partirla en varias.

Un beso grande.

fritus dijo...

Buenas noches...empiezo por este ( se me hace extraño no escribir el comentario sin oir musiquita) y sigo para arriba de la pantalla..o para adelante en el tiempo, que lo mismo es...Gaspard de la nuit...¿Gaspar de la noche?...al único Gaspar que conozco solo trabaja una noche al año y encima es mentira, el que pone los juguetes soy yo.

Un abrazo

Freia dijo...

Buenos días Fritus

Sí, este es otro Gaspar que trabaja de noche y... mucho me temo que tampoco existe.
En los posts finales tiene Vd. toda la musiquilla junta. Le advierto que se va a hartar de musiquilla, jejeje.
Un abrazo fuerte a la familia y a la diosecilla me le da un besito en los hoyuelos de la manita izquierda, justo encima de los dedillos.