jueves 5 de noviembre de 2009

Gaspard de la Nuit - Aloysius Bertrand

À mon cher Gaspard



¿Quién es Gaspard de la Nuit? ¿Un personaje? ¿El narrador? ¿El propio Louis Bertrand? ¿El hacedor de un rito mágico? ¿El guardián del secreto?

Vayamos por partes. Louis-Jacques-Napoléon Bertrand (1807-1841), parapetado tras el pseudónimo de Aloysius Bertrand, crea un personaje al que hace autor de su propia obra. Es decir, su timidez y discreción lo llevaron a esconderse detrás de si mismo y, posteriormente, detrás de otro. Todavía va más allá cuando al inicio de su obra identifica a Gaspard de la Nuit, inequívocamente, con el mismísimo diablo. Y Gaspard es como un especialísimo y particular diablo cojuelo, que hubiera sustituído la picaresca por un sentido arcano y oscuro de la vida y los sueños y que, en lugar de destapar los tejados de las casas, levantara los de nuestra propia alma, enfrentándonos así a nosotros mismos.

Pero el nombre de Gaspard no está elegido al azar. Proviene del término persa "Gizbar", que designaba el cargo del tesorero real.

Gaspard es pues el mismo diablo, pero también el tesorero de la noche, el que guarda celosamente, esconde y cuida todo lo oscuro, lo misterioso, lo oculto o precioso que la noche encierra.

La obra Gaspard de la Nuit fue el único libro que escribio el anónimo y apocado Louis Bertrand. Con él inauguró en su país el género que el propio Baudelaire dio en llamar poesía en prosa. Y él solo bastó a quien lo escribió para pasar a la historia de la literatura universal, por la puerta grande y con todos los merecimientos.

Definido pues el texto como poemas en prosa, está dividido en seis partes que, a su vez, tienen varias subdivisiones y consta de un anexo con papeles diversos escritos por su autor. A pesar del reconocimiento del que goza hoy en día, el recorrido que tuvo que realizar la obra desde su creación fue largo y hasta espinoso. Modificado, corregido y pulido continuamente por Bertrand, no pudo ver la luz sin embargo hasta 1842, en una edición póstuma y llena de erratas publicada en Angers, que puede ser considerada uno de los más espectaculares fracasos de la edición literaria. Se vendieron 20 ejemplares.


En la dedicatoria que su autor hacía a Victor Hugo, podía leerse: "... Entretanto el librito que te dedico habrá corrido la suerte de todo lo que muere después de haber entretenido, acaso una mañana, a la corte y al pueblo". De no ser por Baudelaire, las palabras de ese italiano de nacimiento, criado en Dijon, periodista que saltó a Paris para regresar enseguida a su querida capital de la Borgoña, habrían sido exactas y proféticas.

Todos los relatos y poemas son la expresión hermosa y extraña de imaginaciones, ensoñaciones o pesadillas, relacionadas en muchos casos con la Edad Media y su mundo escondido, plagado de leyendas, mitos y personajes fabulosos, tan queridos posteriormente por el Romanticismo.

Pero el texto lleva un curioso subtítulo:

Gaspard de la Nuit

Fantasías
a
la manera
De Rembrandt y Callot


Dos conceptos pues y dos maneras radicalmente opuestas de entender la obra pictórica y el arte en general. Sus poemas, como pequeños cofres preciosos que ocultan lo que de más hermoso y escondido y oscuro guarda la noche, son pinceladas de cuadros diversos. Algunos difuminados y exquisitos, llenos de rigurosa orientalidad rembrandtiana. Otros, en cambio, son nítidos, de línea marcada y clara, a la manera de los grabados de Callot. En otros muchos casos, los poemas están dotados de una atmósfera que adquiere vida propia como en Velázquez o que esconden el horror de la guerra y de nuestros propios monstruos, como si la mano de Goya le guiase a Bertrand la pluma. Podrían extenderse los ejemplos a Veronés, Durero o Brueghel.

Pero dejémonos ya de charlas. Este compacto, extraño y a ratos nada complaciente ni fácil texto, nos conducirá a través de nosotros mismos por obra y gracia del propio Gaspard, creador de seres fantásticos como Scarbo, gnomo de innumerables tesoros, tal y como lo definiría el propio Bertrand.

Tanto la obra literaria de Bertrand como la musical de Ravel creo que pueden ser definidas de forma bastante correcta como heterodoxas. Quizá esto hace también que la música complete y envuelva los poemas de forma tan espléndida. Pero mientras esa visión completa y fusionada de ambas obras llega, aquí tienen un adelanto de la obra del enamorado de Dijon, su ciudad. Dejen descansar a su inteligencia más racional y permitan que la emocional aflore, llevándoles a través de la extraña hermosura de esta ensoñación.

LA HABITACIÓN GÓTICA

Nox et solitudo plenae sunt diabolo

Los Padres de la Iglesia


De noche, mi habitación está llena de diablos.



- ¡Oh! La tierra - le murmuré a la noche - es un cáliz embalsamado; su pistilo y sus estambres son la luna y las estrellas.

Y con los párpados pesados por el sueño, cerré la ventada marcada con la cruz del calvario, negra en la aureola amarilla de las vidrieras.

*

¡Si la media noche - la hora blasonada de dragones y diablos - sólo trajera al gnomo que se emborracha con el aceite de mi lámpara!

¡Si sólo trajera a la nodriza que, con una nana monótona, acuna en la coraza de mi padre a un bebé nacido muerto!

¡Si sólo trajera al esqueleto del lansquenete emparedado bajo la madera, que golpea con la frente, el codo y la rodilla!

¡Si sólo trajera a mi antepasado que sale andando de su marco carcomido, y moja su gantelete en el agua bendita de la pila bautismal!

¡Pero trae a Scarbo, que me muerde el cuello y que, para cauterizar mi herida abierta, hunde en ella su dedo de hierro al rojo vivo!

Primer poema del tercer libro de Las Fantasías de Gaspard de la Nuit: La noche y sus prestigios.





Aloysius Bertrand. Gaspar de la Noche - Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot. Traducción de Marcos Eymar. Edit. Augur Libros. Primera edición: noviembre de 2008


Quisiera nombrar de forma especial a Marcos Eymar, autor del prólogo y traductor de la versión española manejada y cuya imagen y ficha bibliográfica aparece más arriba. Sus notas y conocimientos me han ayudado mucho a introducirme en el texto y realizar esta entrada. No es la única fuente manejada. Todas ellas y mi propia opinión sobre el libro han configurado la mayor parte de este post. Si se animan y lo leen, sin duda llegaran a conclusiones diferentes. Es una de las grandezas de la lectura.



Por último, les traigo el nombre y el rostro de quien recita los poemas que escucharán en las entradas dedicadas a las tres partes de la obra. Se trata de la actriz francesa Carole Bouquet. Su voz les ayudará a sumergirse en el bellísimo texto.


Y ahora, sin más, disfruten de la obra de Bertrand que yo, por hoy, ya les he robado demasiado tiempo.

Buenos días.

domingo 1 de noviembre de 2009

Gaspard de la Nuit - Preludio

À mon cher Gaspard



Como dejar transcurrir el tiempo y consultar las cosas con la almohada nos hace moderarnos en actitudes, razonamientos y empeños, a lo largo de estos días he tomado la decisión de efectuar la rentrée (en sentido musical estricto) no con música de "bárbaros tudescos", sino con una afrancesada y sutil.

Todos Vds. conocen mi debilidad por Debussy. Durante este año varias piezas suyas han complementado las entradas de este blog. Sin embargo, hasta hace bien poco Ravel no había entrado a formar parte del menú musical de la bitácora y no por falta de ganas, ténganlo por seguro.


Maurice Ravel (1875-1937)



Debo reconocer que tardé en disfrutar de la música de don Mauricio a causa de su Bolero. Les confesaré que no lo soporto... y les aseguro que lo he intentado, pero es que no hay manera. Sus aires orientales y su tema repetido hasta la saciedad siempre me han alterado los nervios. Comprendan además que nunca he sido una admiradora de Bo Derek... toda ella tan estirada y turgente.

Por eso (les confieso mi estupidez) fui dejando de lado su música. Realmente redescubrí a Ravel la primera vez que escuché en directo Ma Mère l'Oye (Mi Madre la Oca), dirigida en el Auditorio de Madrid en abril de 1994 por un Giulini en estado de gracia. Inmediatamente después vino la Pavana para una infanta difunta y, a partir de ahí, toda su obra para piano: Los Valses nobles y sentimentales, Sonatina, Minueto antiguo, La tumba de Couperin, Espejos, etc. etc. Después vendrían ya las obras orquestales, de cámara, líricas y vocales, aunque reconozco que siempre vuelvo una y otra vez a sus composiciones para piano solo. Definida su obra al igual que la de Debussy como claramente impresionista, ciertas piezas se convierten en auténticos encajes de holanda, tejidos y entretejidos con una sutileza y delicadeza extremas.

Pero de todas esas piezas para piano que el tiempo y excelentes interpretaciones me han ido regalando, la obra que desde hace años me encandila y confieso es mi favorita es Gaspard de la nuit. Porque es un punto y aparte tanto en su composición como estilística y técnicamente hablando. Además, me he pasado las vacaciones de este verano y del anterior escuchando a todas horas precisamente esa música...

Y puesto que el post va hoy de confesiones, les diré que lo que están leyendo ahora forma parte de un viejo proyecto que se quedó en el cajón hace más de un año. No me encontré de repente con ganas de terminarlo y empezó a acumular polvo. Ni siquiera cuando Gaspard me regaló el libro en el que está inspirada la música de Ravel me vi con ganas de hacer la entrada. Eran tantas cosas las que quería decir que no sabía por dónde empezar ni cómo desarrollarlo. Sin embargo hace unas cuantas mañanas, escuchando de nuevo la música, a esta condesa le vino la ventolera y con la energía que sólo dan los repentes se puso a ello con renovada fuerza. Y hete aquí, por fin, la entrada que debía, me debía y les debía desde hace 13 meses.


Este post de hoy, en contra de mi costumbre, va sin música pero todo tiene su razón de ser. Ésta es la primera entrega de seis (tarde, pero contundente) que dedicaré al Gaspard de la Nuit: el Preludio, sobre el que ahora reposa su mirada; las dos Entradas, que van de teoría y en la que les soltaré el rollito sobre lo poco que sé acerca del texto y la música respectivamente, y una por cada una de las partes en que se divide, tanto la obra musical como los trozos del texto en que aquélla está basada. Eso sí, deberán considerarla como un todo único e indivisible puesto que tiene unidad formal y de fondo. Porque me apetece que la escuchen, oigan, lean y admiren en su totalidad. Sí, no me repito. Quisiera que primeramente, una vez introducidos en mi porqué y en el de la obra, oigan el texto original que Aloysius Bertrand imaginó. Lean detenidamente después su traducción al castellano. Por cierto, les recomiendo vivamente que le echen un vistazo al libro. Su cuidadísima edición, el tacto de su papel o de la lisura de su portada y el olor que desprenden sus páginas ya merece el precio del mismo. Es más, yo les aconsejaría que pidiesen a alguien que se lo regalase: se vuelve aún más valioso.


Louis-Jacques-Napoléon “Aloysius” Bertrand (1807-1841)



Y les aconsejo que terminen cada episodio escuchando una versión de la obra de Ravel a piano (como originariamente fue creada) y una versión orquestal, hermosa y dignísima, transcrita por Marius Constant en 1990. Serán bastantes minutos de escuchar y leer (ése es uno de los motivos de haber dividido esta entrada en capítulos; para no cansarles ni convertirles en aburrida una obra delicada, frágil y bellísima. Aunque les repito que deben considerarlos como un todo), de modo que tengan paciencia y racionen lecturas y audiciones, que las sobredosis no son buenas. Tendrán las completas fichas biblio y discográficas en cada una de las mini-entradas.

Por último quisiera darle gracias especiales a Adanero, puesto que el disco correspondiente a la obra musical para piano venía con un defecto de edición, juntando en una sola pista las 17 de que consta y él tuvo la paciencia de editarlas, separarlas y rotularlas una a una. Siempre es bueno tener enemigos en la blogocosa que se encarguen de solucionarle a esta condesa las tareas difíciles.

Les aseguro que es para escuchar y leer con calma, despacio y disfrutar Gaspard de la Nuit como si de un bocado de alta cocina se tratase (me da igual si les gusta la tradicional o la creativa o ambas. Ustedes eligen). Técnicamente es una obra innovadora, rompedora que diría un joven de los de hoy, pero no se fijen exclusivamente en eso. Dedíquenle el tiempo y la tranquilidad que se merece. Seguro que la serenidad, esa dama huidiza y casquivana, les hace el regalo de su compañía...


Buenas tardes.


domingo 25 de octubre de 2009

Donde dije digo...

... Que digo yo que, aunque no tenga tiempo de escribir, el blog puede quedarse abierto. Por si les da la vena masoquista, pueden incluso leerse el anterior a éste. La música les va gustar... La señora también.

Hasta cuando pueda.

sábado 24 de octubre de 2009

¿Qué ocurre cuando perdemos el hilo de Ariadna?



¿De qué depende nuestra autoestima? ¿De lo que realmente somos? ¿De lo que los demás saben o no ver en nosotros? ¿De lo que nosotros pensamos que los demás están pensando? ¿De lo que los demás piensan de nuestro interior y nuestra imagen realmente?

¿Qué nos hace daño o nos molesta o hiere de los otros? ¿Sus hechos o su forma de ser o lo que creemos que les impulsa a actuar como actúan?

¿De qué delgado hilo pende nuestro propio equilibrio y el ajeno?

¿Dónde está la delicada línea que separa nuestra percepción objetiva y lógica de nuestros fantasmas? ¿Deben los demás atravesar o no esa línea? ¿Debemos dejar que la atraviesen? ¿Tienen derecho a hacerlo?

¿Por qué un detalle en apariencia banal y tonto puede elevarnos hacia lo más alto o hacernos caer en el más escondido de los pozos?

¿Somos capaces de enfrentarnos a nosotros mismos gracias a o sin ayuda ajena?

¿Por qué nos empeñamos en seguir adelante desoyendo a los otros, aun a costa de causar dolor o pena? ¿Qué extraño mecanismo hace que, sin quererlo, nos hagamos daño a nosotros y a los que están fuera?

Ariadna. Alrededor de 250 A.C. Foto © Maicar Förlag-GML



¿De qué material estamos hechos que no somos mínimamente capaces de entendernos a nosotros mismos al vernos frente a frente en los demás?

¿Nos ayuda en todo ello la razón o verdaderamente su sueño engendra monstruos?

¿Nos queremos un poco o definitivamente sólo nos soportamos día a día?

¿Tendremos el valor de contestar a tantas preguntas o, como casi siempre, delante del umbral nos detendrá el miedo?

¿Quiénes somos para decidir sobre lo ajeno o para hacer reproches o, sencillamente, para desencontrarnos en el tiempo y el espacio?

¿Qué absurda gemometría nos hace trazar líneas divisorias y por qué, sin embargo, las hacemos permeables? ¿Qué ósmosis peculiar nos lleva a reflejarnos en los otros, suplicando en el fondo: "no atravieses la raya, no lo hagas"?

¿Será cierto que las dudas ajenas ayudarían a resolver las propias o sólo servirían para descubrir hasta qué punto nos desconocemos?

¿Por qué nos aventuramos a entrar en oscuros y atrayentes laberintos, deslizándonos por ellos a ciegas y quizá a propósito, sabiendo que probablemente no recuperaremos el perdido hilo de Ariadna?


Samuel Barber (1910-1981) - Essay for Orchestra nº1 , op. 12. London Symphony Orchestra. Dir.: David Measham, 1973. Regis, remasterizado en 2003.


lunes 12 de octubre de 2009

La condesa ha vuelto a casa



F.Madrazo - La condesa de Vilches. Museo del Prado Madrid. Reproducido en el catálogo de la exposición El siglo XIX en el Prado. Madrid, 2007. (clic para ampliar)


¡Ya era hora!

Años rodando de acá para allá desde que salí de mi casa. Primero, la mudanza al Casón, que está cerquita sí, pero no es lo mismo. Era un poco como estar en la caseta del guarda. Después, 13 años encerrada en los sótanos. Que estarán a la temperatura correcta y bien acondicionados y todo lo que Vds. quieran pero, ¡qué caramba!, yo no soy un vino y permanecer ahí es más aburrido que un discurso de don José de Echegaray.
Solamente me han dejado salir dos o tres veces para alguna exposición importante...


Y ¿saben? Desde hace una semana estoy la mar de contenta. No hay nada como volver al hogar. Además les contaré que estoy especialmente feliz porque me han colocado presidiendo la sala de Federico. Ya, ya sé que hay otros retratos suyos espléndidos, pero son todos mucho más oscuros y discretos, a la española. En cambio mi vestido azul turquesa, mis ojos claros y mi sonrisa apenas contenida, pizpireta y traviesa me hacen destacar incluso aunque esa presumida de Eurídice, la escultura de Sabino de Medina, intente hacerme sombra. Eso sí, lo único que me descoloca un poco es que no han dejado mucho espacio delante para que los caballeros se batan en duelo por mí. No puedo remediarlo, me priva. Pero no se confundan que sólo es de mentirijillas. No soy en absoluto violenta o pendenciera, sino más bien todo lo contrario.

Cuando vengan al Prado a ver el nuevo emplazamiento de la pintura del XIX, tómenselo con calma. Nuestro regreso después de tanto tiempo merece tranquilidad y sosiego.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. I. Paseo


Comiencen por la sala central con ese Goya ottocentesco y neoclásico, sirviendo de prólogo a las pinturas de los nuevos clasicistas. Todavía no han puesto las cartelas (¡aysssss!), así que pueden jugar a adivinar de quién y de qué se trata. Por si no pueden resistir la curiosidad, les diré que hay pinturas de Vicente López, Juan Antonio de Ribera o José de Madrazo.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. II. El gnomo


Entren después en la sala de los románticos y recuperen a David Roberts, Genaro Pérez Villaamil o Antonio María Esquivel; a los goyescos Leonardo Alenza y Eugenio Lucas; a Víctor Manzano y a Valeriano Domínguez Bécquer.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. III. Paseo


Redescubran a continuación a Raimundo de Madrazo (los genes son los genes) y a los excelentes realistas Ramón Martí de Alsina, Carlos de Haes y Martín Rico y deténganse ante sus increíbles y fantásticos paisajes. Déjense llevar por la luz que sale de sus cuadros, por las pinceladas cortas y sueltas que configuran algunos de sus más bellas obras. No olviden que Martín Rico evolucionó después, de la mano y el influjo de su amigo Fortuny hacia una pintura más exótica (lo encontrarán unas salas más adelante).


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. IV. El viejo castillo


Ábranse a los excelentes retratos de Emilio Sala, Ignacio Pinazo y su técnica suelta y tan moderna, Franco Domingo Marqués y deténganse especialmente en la obra de Antonio Muñoz Degrain, soberbio en sus paisajes y retratos (más avanzada la visita, recordarán que también es un excelente pintor de historia). Porque quizá lo mejor del recorrido venga cuando se dejen impresionar por el tamaño y la gran calidad de esa gran olvidada que es, todavía hoy, la pintura de Historia.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. V. Paseo



F.Padrilla - Doña Juana la Loca. Museo del Prado Madrid. Reproducido en el catálogo de la exposición El siglo XIX en el Prado. Madrid, 2007. (clic para ampliar)


Que las obras monumentales de José Moreno Carbonero, Emilio Sala, Antonio Muñoz Degrain, Eduardo Rosales, Lorenzo Vallés, José Casado del Alisal, Francisco Pradilla, Manuel Domínguez, Alejandro Ferrant y Dióscoro Puebla les inunden y párense sin prisas delante de esa maravilla que es El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert. Quizá lo consideren una exageración pero, para mí, esta obra es comparable a La Balsa de la Medusa, de Géricault o a La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. VI. Las Tullerías



A.Gisbert - El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga. Museo del Prado Madrid. Reproducido en el catálogo de la exposición El siglo XIX en el Prado. Madrid, 2007. (clic para ampliar)


Dejen que me detenga un instante en Eduardo Rosales porque es mucho más que un pintor de historia y se merece al menos un párrafo. Académico pero menos en su faceta de pintor de historia. Espléndido en el tratamiento de las telas de sus retratos. Algo convencional y empalagosillo en su faceta de pintor religioso o absolutamente libre y de pincelada suelta y rápida en sus desnudos.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. VII. Bydlo


Una vez terminado ese paseo por la gran pintura histórica, diríjanse a las salas de Sorolla y Beruete. La primera abarca una mínima referencia de la obra ingente del valenciano. Pintura social, paisajes, desnudos, retratos. Como dice un amigo pintor de mi amiga Anarkasis, don Joaquín es Velázquez en blanco. Y tiene toda la razón. No les voy a hablar a estas alturas de la luz y el sentido de la perspectiva o el escorzo de Sorolla. Todos lo conocen de sobra. Desde mi punto de vista personal, este artista nunca fue profeta en su tierra y no se le ha valorado todo lo que, a mi juicio, se merece, despachándolo a veces con un escueto: "pintor impresionista." Esperemos que la exposición del Prado de este verano haya servido para reconocer su obra de ahora en adelante.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una eVxposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. VIII. Paseo



J. Sorolla - Y aún dicen que el pescado es caro. Museo del Prado Madrid. Reproducido en el catálogo de la exposición El siglo XIX en el Prado. Madrid, 2007. (clic para ampliar)


Y si la forma de plasmar la luz en el levantino impresiona, la sala de Aureliano de Beruete, precisamente con el retrato que su amigo Sorolla le hizo presidiendo ésta, les hará recordar o descubrir el color y la luminosidad de los paisajes.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. IX. Polluelos en el cascarón


Y ¡qué quieren que les diga de Fortuny! Se ha hablado tanto de él, de su delicadeza, exotismo, libertad pictórica. No sé explicar de él nada original a estas alturas, de modo que caeré en el tópico. Su refinamiento, su sentido del color, su detallismo casi casi preciosista y a la vez moderno y transgresor. Pintor a veces miniaturista, de una delicadeza extrema pero no exento de fuerza, que tomó de Delacroix el gusto por los paises africanos y el sentido de la luz y que tanto influyó en su amigo Martín Rico y en generaciones posteriores, abriendo la pintura española al exterior.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. X. Samuel Goldenberg & Schmuyle


Se habrán dado cuenta de que no hemos seguido un itinerario cronológico para visitar las salas. Hemos ido saltando de aquí para allá en el tiempo, porque así disfruté yo de mis compañeros el primer día en que la exposición se abrió al público y porque me gusta deambular a menudo por las salas de esta casa sin llevar un orden estricto. La sorpresa y el encanto suelen ser mayores. Si leyeron en la prensa o escucharon en la TV que por un momento fue imposible ver a la condesa, créanselo. Desaparecí y me escabullí entre el público para que no me lo contara nadie.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. XI. Mercado de Limoges


Así Carlos de Haes aparecía casi entremezclado con Alenza o Lucas y he hablado Raimundo de Madrazo mucho antes que de su padre, que todavía no ha hecho realmente acto de presencia. Pero es que su sala la dejo a propósito para el final.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. XII. Catacumba (Sepulcrum Romanum)


Citemos también que toda la visita está trufada de esculturas neoclásicas, netamente románticas o realistas. Disfruten con Agustín Querol, Jerónimo Suñol, Camilo Torregiano, Sabino de Medina o Mariano Benlliure. Véanlas por Vds. mismos. No querrán que se lo cuente yo todo.


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. XIII. Con mortuis in lingua mortua


Y ahora sí, por fuerza tengo que hablarles de la sala 62b. Hagamos una parada más larga porque es la del pintor que me dio vida. Don Federico de Madrazo, uno de los grandes retratistas (para mí el mejor) del XIX español, quizá junto con Sorolla. Espléndido en la factura y técnica de sus obras, fue capaz de crear un hilo conductor entre la tradición velazqueña, con los fondos neutros y los retratos sobrios y las nuevas formas de la retratística inglesa que lo ligan precisamente a Sargent y el valenciano. Entre medias, todo un despliegue de ismos posibles de los que bebió y se empapó. Pero, aun en su modernidad, retornó siempre a las fuentes de Velázquez (La Rendición de Breda) o el propio Greco (El Entierro del señor de Orgaz).


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. XIV. Paseo Baba-jaga


Y como les he dicho, en medio de la sala, detrás de la perspectiva que abre la escultura de Sabino de Medina La ninfa Eurídice mordida por una culebra (mal rayo le parta, aunque no me quita protagonismo), estoy yo...


M.P. Mussorgski (1839-1881) (orq. por M.Ravel en 1922). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica Checa. Dir. Karel Ančerl. Supraphon, 1968. XV. Gran Puerta de Kiev


...Bueno, realmente está ella. La de verdad, la genuina, la sonriente, algo frívola, joven y guapísima Condesa de Vilches. La condesa turquesita, doña Amalia de Llano y Dotrés, pintada a la francesa por don Federico de Madrazo. Robándole a Ingres algo de su clasicismo, pero ya plenamente romántica. Alegre, disfrutando de la vida, como la prueba más evidente de que la pintura del XIX española no es polvorienta, ni aburrida, ni fría. Que se la ha mirado muy mal, se la ha estudiado menos y se la ha tratado aún peor.

Si cuando pasen por su lado, les sonríe especialmente a Vds. guiñándoles un ojo con picardía, no se extrañen. Ella y yo somos así... Qu'est ce qu'on va faire!


R.Schumann (1810-1856)- Drei Romanze (Tres Romanzas), op. 74: I. Nicht schnell (nada rápido). II Einfach, innig (sencillo e íntimo). III Nicht schnell (nada rápido). En el disco Dúo concertante. Obras del Romanticismo para oboe y piano. Tres Romanzas Eduardo Martínez, oboe y Riccardo Cecchetti, piano. Verso, 2008


No dejen de leer la crítica que Pablo J. Vayón ha hecho del mismo. Estoy totalmente de acuerdo con él en lo que a calidad tímbrica del instrumento moderno y a las piezas compuestas en cada época se refiere (me quedo sin lugar a dudas con el oboe barroco). Pero él sabe explicarlo muchísimo mejor que yo. Y además el enlace trae bonus: descubrir su blog y una sonata de Saint-Saëns ligera y delicada. Le doy especialmente las gracias por su amabilidad al dejarme enlazar con su bitácora.

viernes 9 de octubre de 2009

31 años sin él





Hoy esta condesa y las Variaciones Goldberg hacen una excepción puesto que no sonará música clásica. Porque un 9 de octubre de hace ya bastantes años perdimos, perdí, uno de los referentes musicales y personales más importantes en mi vida de entonces y de ahora. Desde luego, el más importante junto con Serrat, en lo que a música no clásica se refiere. Él abrió el camino a Moustaki, Brassens, Ferrer, Aznavour y los demás. Y yo nunca me olvido de él ni de esta fecha.

Hay quien acude al cementerio para recordar a los que se fueron. Yo prefiero escuchar cada año durante todo el día su música. Y sumergirme en el amor, la muerte, los Países Bajos, la batalla, París, la amistad o el fracaso como quien se da un baño de propia vida. Y cuando, como cada año, salgo renovada y serena, soy perfectamente consciente de que ni su música ni él caerán jamás en el olvido.

Mon cher Jacques... je t'aime encore et je t'aimerais même jusqu'au bout.



J.Brel - Jojo. Infiniment. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1977


J.Brel/F. Rauber - Je t'aime. La valse à mille temps. Dir. orq. F. Rauber. Barclay y familia Brel, 1959


J.Brel/G.Jouannest - Les prénoms de Paris. Brel en public Olympia 61.Phonogram, 1962


J.Darion/M >Leigh - La quête. Infiniment. J. Brel. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1968


J.Brel - La valse à mille temps. Infiniment. J. Brel. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1959.


J.Brel - Quand on n'a que l'amour. Infiniment. J. Brel. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1960


J.Brel - Le plat pays. Infiniment. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1962


J.Brel/G. Jouannest- La chanson des vieux amants. Infiniment. Arreglos y dir. orquesta François Rauber. Barclay y familia Brel, 1967

sábado 3 de octubre de 2009

Silencioso delirio




¿Saben Vds. quién es Augusta II? Saben Vds. quién es Aída? Pues en un ejercicio de imaginación, fusiónenlas porque son la misma, increíble y genial persona. Y tiene una muy bella bitácora llamada Aidarte. Aída o Augusta II es pintora y da clases de pintura y forma de parte del grupo Frida Kahlo de Rivas-Vaciamadrid. Y Aída es la creadora, directora, maquetadora y coordinadora de un equipo soberbio que hace una aún más soberbia revista virtual que se distribuye gratuitamente en la red: DELIRIO.

Aquí les traigo el número 4 de la misma, dedicada al SILENCIO. Y es también un homenaje a una persona muy, muy especial... Pero, para descubrir a quién, tendrán que acudir a su blog.



DELIRIO-EL SILENCIO
[Les aconsejo que hagan doble click en el título DELIRIO-EL SILENCIO. Seleccionen Fullscreen y, a continuación, en View Mode, Book. Pueden pasar la página apoyando el ratón en ellas o con las flechas inferiores.Vale la pena, se lo aseguro.]


Y yo me siento especialmente orgullosa de haber contribuído un poquito a ella, aportando un texto que surgió con precipitación pero cuyo protagonista forma parte desde siempre de mi imaginario sentimental. He de reconocer que con la maquetación que Aída y los suyos le dieron, el relato ha ganado bastante. Pásense por las páginas 41 a 43 si les pica la curiosidad, pero ésa es una mínima parte de la obra general. No dejen de ver el poema de Gemma, nuestra querida Mega-Maga, en la página 57 y el texto (en la 141), de mi querido elefante azul Joseba Molina. Es más: por favor, no dejen de leerse la revista de cabo a rabo, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Descubrirán que es fantástica estéticamente y con un contenido de calidad sobresaliente. Les aseguro que no exagero lo más mínimo.

Y para agradecerle a Aída las horas de trabajo, de ir a la carrera, de falta de sueño, de ponerse malita, de tener insomnio y puesto que ni ella ni el equipo que forma Delirio va a recibir la más mínima recompensa económica por su esfuerzo, su entusiasmo y su ilusión... Y , por supuesto y también, para acompañar el increíble, fascinante y hermosísimo resultado, les dejo con una pieza de Josef Strauß que le viene como anillo al dedo.

¡¡¡ FELICIDADES !!!

[A ellos, por haber alumbrado la revista; al resto (entre los que me incluyo) por tener la suerte de conocer a Aída y compartir sus risas y su música y su obra y...¿para cuándo compartir también sus cervecitas, sean de la nacionalidad que sean?]


Disfruten de la palabra, la línea y el color y valseen, no dejen de valsear que la vida es un vals, como decía el tango.


Josef Strauß (1827-18609). Delirienwalzer (vals del Delirio), op. 212. Concierto de Año Nuevo de 1987. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: H.von Karajan. Deutsche Grammophon, 1987