Un regalo de Sergio Astorga

martes, 28 de agosto de 2007

In memoriam

Resulta difícil hablar de un amigo muerto.

Se llamaba Domingo del Campo Castel y era abogado, musicólogo, traductor, crítico musical y, fundamentalmente, una bellísima persona. También era, de corazón y de praxis, un marxista-leninista de la cabeza a los pies (el eurocomunismo eran mariconadas, aunque él jamás habría usado ese término).

De pocas personas he aprendido tanto de música como de él. No era un crítico al uso. La mayoría de ellos van siempre "sobraos" (y os lo dice alguien que ha tenido que soportar muy cerca y durante muchos años a uno de ellos). Te miran como si te perdonasen la vida cuanto te atreves a dar, en su presencia, tu opinión acerca de algo escuchado y, lo más curioso, es que pocos superarían con éxito "una cata a ciegas". Domingo, no. Te escuchaba y te corregía con una exquisitez y una delicadeza que, en un mundo como ése, agradecías enormemente. Tradujo mucho y bien. Aunque no publicó muchos trabajos, los asiduos al Auditorio mal llamado Nacional, al Teatro de la Zarzuela, el Albéniz y otros conocían bien sus cuidados y documentados programas de mano de tantos y tantos ciclos de música. A los que les guste tirar de hemeroteca, les será fácil encontrar artículos suyos en la revista Ritmo, siempre anteriores a 1983 y, posteriormente, en la revista Scherzo, de la que fue socio fundador y fantástico colaborador. Publicó, entre otros, 2 libros sobre Haydn y Dvorak, hoy inencontrables.

También era un hombre que se mantuvo fiel a sus ideales y sus principios. Hubo largas temporadas en que nos veíamos continuamente en los conciertos y...en las manifestaciones: contra la guerra de Irak (tanto en 1991 con el PSOE en el poder, como en el 2002-2003, con el enano del bigote), contra aquella dichosa ley de autonomía universitaria, de terrible memoria, en diciembre de 1979 y tantas y tantas otras que, seguramente, recordáis mejor que yo.

Tenía un finísimo sentido del humor. Uno de sus amigos cuenta que iban paseando los dos un día, cuando una perforadora les cortó en seco la conversación. Cuando pudieron reanudarla, Domingo, no sin sorna, dijo: "Curioso este bajo continuo"

Pero, además, era un enamorado y un especialista en Juan Sebastian Bach. Conocía bien toda su obra y eso, hablando del de Leipzig es mucho. Era un experto en música barroca y sabía bien del entorno histórico de la época. Hace muchos años publicó un estudio sobre la Cantata del Café de JSB, en una preciosa edición publicada por una importante editorial , que incluía una espléndida traducción del texto de C.F. Henrici y un CD de acompañamiento para seguir la obra. Por oscuros y raros motivos la edición se destruyó sin avisar al propio autor.

[Hace unos 5 meses el trabajo se ha publicado de nuevo, esta vez por Antonio Machado Libros, en la colección Musicalia Scherzo, con patronicio de la Fundación Scherzo. Su título, Bach La Cantata del Café, la seducción de lo prohibido . Ha sido encomiable el esfuerzo de ambas instituciones por rescatar una joya así del olvido, aunque también se merecerían algún tirón de orejas por la cantidad y gravedad de los errores tipográficos. Fantástico ensayo, de verdad, en un librito barato y cómodo de leer que se puede encontrar también perfectamente en las bibliotecas públicas. Para quien pueda estar interesado en el libro y en la cantata, y como complemento, el texto de esa rarísima, divertida y moderna pieza de Bach (no es la mejor traducción posible, pero de lo encontrado en Internet es de lo más salvable). Como, además, lo lógico es escuchar la obra, de entre las muchísimas versiones, una recomendación: Elly Ameling (espléndida e injustamente poco famosa soprano)y Gerald English con el Collegium Aureum, en una versión para Harmonia Mundi de 1968]

Pasó un temporada dolorosamente larga luchando contra un cáncer de páncreas que, finalmente, lo venció hace tres años. Hasta bien poco antes de morir siguió acudiendo a conciertos y óperas y escribiendo artículos y programas de mano.

Ahora que releo el post, no me gusta nada. Habría querido escribir algo sencillo, hermoso, coherente, íntimo. No he sido capaz. Pero también sé que no podía mantener una bitácora sobre impresiones musicales sin hablar de él, que tanto contribuyó a mi "desasne" musical. Desde esta página, el recuerdo más humilde y emocionado a uno de mis amigos más queridos.


¡Hasta siempre Domingo!


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