Un regalo de Sergio Astorga

miércoles, 20 de mayo de 2009

Un alemán, un austríaco, un ruso y un gato arrabalero



Estaba harta de hospitales. Y, sobre todo, estaba harta de aquella anciana agria, caprichosa y siempre malhumorada que pensaba que cuidarla formaba parte de sus obligaciones y que ni siquiera se dignó darle las gracias por haberse pasado horas a la cabecera de su cama, mientras le transfundían aquellas tres interminables bolsas de A +.

Por eso, la perspectiva del concierto la atraía especialmente. Madrid olía ya a anticipo del verano aquel 19 de mayo, martes. El Auditorio, como cada vez que actuaba Sokolov, lleno "hasta la bandera" de un público fiel de abono y de otro, no tan habitual y un tanto pijo, mucho más preocupado en contar al día siguiente ante sus todavía más pijos compañeros de trabajo lo "super, super maravilloso que había sido el recital del geniaaaaal pianista ruso", que en permanecer quieto y escuchando. Aunque las localidades les hubiesen salido a precio de Wall Street. Aunque se hubiesen aburrido como ostras.

Como siempre, demasiado ruido. Como siempre, poca atención. Como casi siempre, el escaparate.

Pero cuando la falta de luz empezó a volver ilegible el programa de mano y sólo dos de las grandes arañas sobre el escenario iluminaban directamente el Steinway, supo con total certeza que no iba a ser una tarde corriente. Y al sentarse al piano ese gran tímido y un tanto extravagante genio ruso (esta vez sin prolongación de vocales) que es Sokolov, todo lo demás dejó de importarle.

Como si las primeras notas del Allegro Vivace de la sonata nº 2 le hubiesen disparado un resorte, comenzó a sentirse bien.


Ludwig van Beethoven (1770-1827). Sonata nº 2 op. 2 nº 2. II Largo appassionato. Glenn Gould. Sony (recopilatorio 80 CD's), 2007 (grabado en 1980).




Se concentró en la música y recordó.

Recordó al Beethoven de su niñez, aprendido y saboreado torpemente con muy pocos años. Al Beethoven que le enseñara su padre pero también al que descubriría ella por sí misma muchos años más tarde. Y se dejó llevar. De las manos y del sonido especialísimo de un Sokolov soberbio y casi sesentón, fue surgiendo la sonata homenaje a Haydn, luminosa y alegre, vital y vitalista. Pero, por debajo de tanta alegría de vivir, la forma y el desarrollo del segundo movimiento, largo appassionato, dejaban entrever con toda claridad a un Beethoven romántico, rompedor de moldes y, como siempre, transgresor. Y cuando, sin dejar tiempo a los aplausos, el ruso inició la nº 13, ella se liberó otro poco de sí misma y de esa suerte de autodestrucción tan suya, y de su realidad nada apetecible. En el programa de mano había leído que era compañera gemela de la Claro de Luna, pero sonaba tan distinta... Era de una hermosura especialísima porque la búsqueda constante y nunca abandonada del alemán por encontrar su propio camino, íntimo y personalísimo, la recorría de principio a fin. Compleja, sutil, con una arquitectura musical a veces imperfecta que la volvía aún más apetecible. Quebradiza a ratos y poderosa y enérgica en otros pasajes. Bella, muy bella, pero también sugestiva e inquietante. Inestable, oscura, escondida. Precursora también de la angustia por una enfermedad que empezaba a amenazarle.

Ludwig van Beethoven (1770-1827). Sonata nº 13 en mi bemol, op. 27 nº 1, "Sonata quasi una fantasía" (1801-1802). I Andante - Allegro - Tempo I - attacca. II Allegro molto e vivace - attacca. III Adagio con espressione - attacca. IV Allegro vivace - Tempo I - presto. Glenn Gould. Sony (recopilatorio 80 CD's), 2007 (grabado en 1983)










Después de un intermedio, necesario pero perfectamente olvidable, se sentó de nuevo en su butaca, una excelente localidad de primer anfiteatro, impares: fila 3, nº 3. La sensación de bienestar sería ya difícilmente explicable si no fuera porque empezaba a sonar Schubert. Justo en ese momento, se borraron de su cabeza las interminables visitas y pruebas médicas y su propia angustia por un futuro desapacible e inmediato que llevaba meses empeñada en no querer ver, pero que ya asomaba la cabeza por la esquina. Desapareció también del todo la tristeza, el vacío, la sensación de fracaso, ya bastante debilitados en los últimos días gracias al apoyo y el afecto que representaba él. Porque lo único por lo que podía soportar todo aquello era él. Porque gracias a que podía mirarlo, tocarlo, sentirlo, hablar con él a diario, lo real, lo que estaba más allá de los dos se tornaba algo menos inaguantable. Y la sonata nº 19 del austríaco sonaba bien, muy bien. Y múltiples variaciones sobre el tema central, una sencilla melodía, adquirían de repente toda la fuerza que le daban los infinitos matices del pianista ruso. Algunas sonaban límpias, increíblemente limpias pero quebradizas como pequeños y finísimos cristales. Otras eran sugerentes, alegres, hasta algo frívolas. Pero las había introspectivas, íntimas e intentando dar forma a un esquema difícil de definir. Y todas, todas giraban sobre sí mismas y alrededor de la melodía inicial, como gusanos de luz, bailando continuamente una especie de danza popular, una suerte de vals brillante y alegre.

Y cuando parecía que el concierto terminaba y con él ese pequeño respiro en una semana imposible, las propinas, siete nada menos, la ayudaron a pasar el umbral y reencontrarse con la realidad no deseada. A ella le sonaron a Bach, Chopin, Liszt y Rachmaninov, pero tampoco importaba nada de quién fueran. Según veía deslizarse y volar los dedos del intérprete pensó que mientras tuviera el privilegio de poder seguir escuchando música como aquélla y tocada de aquella manera, podría soportar (con mayor o menor éxito), la fealdad pretenciosa y machacona del día a día estúpido y gris.

Al llegar a casa, tarde, el maullido inconfundible de aquel gato zarrapastroso junto al cubo de basura (como si le hubiesen dado un zapatazo) la reconcilió definitivamente consigo misma. Él la esperaba.

Franz Peter Schubert (1797-1828) Sonata nº 19 en re mayor, op, 53, D850 (1825). III Scherzo: Allegro vivace - Trío IV Rondó: Allegro moderato. Mitsuko Uchida. Philips, 2000.




12 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Querida condesa. ¡Cuánto la echaba de menos! Se pasea usted poco por Variaciones, pero cómo llena su casa cuando se pone.
No quiero halagarla que luego se la sube a la cabeza y la paga con el pobre Fasolt, que debe estar por cierto en Canaletas; pero ha escrito usted una entrada de mucho cuidado. Como siempre magnífica la música que la acompaña, pero el texto es muy bueno. Y si no que se lo diga la Maga Mega o Joseba que ellos saben más de calidad literaria.
Me ha gustado mucho, y qué quiere que le diga, lo he sentido dentro, y daría algo por ser ese gato.
Como siempre a sus pies, besando primero sus manos.

Salud y República

Isabel dijo...

Precioso texto, Freia, real como la vida, pero a la vez onírico por el efecto de la musica, esa música que todo lo cura y lo hace soportable.

Besos y felicidad.

Mega dijo...

Meine liebste Gräfin, también yo, como Rafa, la he echado de menos. La entrada es maravillosa y ese gato de usted, (imagino que el mismísimo Rascayú) un suertudo, qué quiere que le diga. Él, en efecto, la ve al menos a diario.

Cuídeseme, haga el favor. Espero que esa enfermedad entrevista y amnazadora se bata en retirada bien pronto, y la deje descansar como necesita y la necesitamos.

Y si no consigue descansar, siempre puede hacer una escapadita a BRLN.
Besos y abrazos (tantos como Vd. requiera)

PS: La música la voy dosificando...

Freia dijo...

Con retraso pero héteme aquí finalmente.

Rafa

Mi querido Rafael. Con permiso de su santa, lo sigo adorando como mi admirador más fiel.
Varío poco, tengo que reconocerlo. Aunque peor sería desvariar (Jajajaja, hacía tiempo que la condesa no hacía chistes tontos y malos).
Como estamos en petit comité he de decirle que no merezco los halagos, pero me encanta recibirlos (esta condesa anda mimosa últimamente), máxime viniendo de Vd.
Un beso muy muy fuerte.
PD Tardo mucho en hacer una entrada pero, al menos, les dejo música suficiente hasta el siguiente post.

Isabel

Pues sí, Isabel. Creo que la música, como la belleza en general (y que cada cual elija como más le guste sus propios cánones estéticos) es necesaria y de efectos claramente terapéuticos.
Un abrazo

Mega

Pues no mi querida MegaMaga. El gato no era Rascayú, sino otro realmente arrabalero y zarrapastroso que aparece de vez en cuando y me alegra el oído y el ánimo. Es curioso pero todavía queda algún gato suelto por Madrid y Barcelona (que yo vi uno allí el verano pasado). El susodicho tiene un aspecto lamentable (un ojo más grande que otro y le falta algún diente) y un maullido ciertamente desagradable pero tengo observado que siempre que lo hace es preludio de algo bueno. Es como la visión de un gato negro pero con el efecto contrario. Y le he cogido cariño.
Gracias por sus buenos deseos mi querida Maga. Y que quien sea la oiga.
Un beso muy, muy fuerte.
PD ¡Ay Berlín, Berlín! ¡Quién pudiera!

Guarevers Son dijo...

esta muy bueno, de verdad excelente

me gusta mucho tu blog, espero que pases por el mio y me digas que tal

Freia dijo...

De allí vengo Guarevers.

No sólo he escuchado, sino que también he votado.

Un saludo y mucha suerte

fra miquel dijo...

Querida Freia, así me gustaria leer y ecuchar todos sus posts. No me importa esperar una, dos semanas un mes o mas si al final cae un post como este...una delicia.

Un beso

NáN dijo...

Los merecimientos son más que merecidos. Dos veces he leído el texto mientras sonaba la Sonata 2. Creo que es la mejor crítica musical que he leído nunca. La sencillez y humidad de la vida, lo que merece la pena, nos la has regalado relacionada con un montón de música que por ti sabré apreciarla mejor (y me la voy a oír toda mientras hago mi traducción de los domingos de un artículo de Globalízate).

No sé cómo darte las gracias por suavizar mi oído áspero. Por ser subjetiva y acercarme esa música.

Ah, ya sé: ¡gracias!

Freia dijo...

Fra Miquel

Gracias especiales por su palabras Miquel, porque, además, últimamente, no he podido visitar sus jardines. Y eso que ahora tienen que estar a reventar de los últimos iris y las rosas y los pensamientos y... ¡Vd. sí que eligió bien sus aficiones! Creo que si todos viviéramos un poquito más "acordes" con la naturaleza, no necesitaríamos tanto los otros "acordes" como bálsamo y cura.
Un abrazo

Nàn

Mil gracias Nàn. Por la sinceridad de tus palabras y el entusiasmo con el que recibes la música que a mí me ha emocionado apenas unos días antes. Tú mejor que nadie sabes que los críticos son "animales" a los que mantener a raya, jajajaja. No conozco mucho a los literarios, pero sí a los musicales y "dan miedo" (y algo de hilaridad, por lo fatuos, engreídos y sobraos). Me alegra saber por ti que mi "crítica" está tan alejada de la suya y que respira vida. Eso pretendí al escribir el texto. Bueno, eso y que necesitaba escribir y contar lo que había pasado el martes por mi cabeza.
Un beso grande, grande.

fra miquel dijo...

Si quiere ver flores, le recomiendo que, cuando tenga un ratito, se pase usted por mis posts dedicados a Girona Temps de Flors. Hasta le daré un poco de envidia. Bueno, éste contecimiento siempre ocurre el segundo fin de semana de mayo. Así que se puede programar el viajecito con tiempo.
En cuanto a los "acordes" creo que son tan necesarios unos como otros.
Me vienen a la memória los conciertos de año nuevo en Viena. Por la tele, siempre acompañan alguno de los valses o marchas de Straus con imàgenes de bailarines entre los jardines. Baile, música i naturaleza... Estar allí debe ser tan curativo que te inmuniza una buena temporada.

Besos

fritus dijo...

Querida CONDESA...un poco avergonzadillo me tiene por mis salidas de tono del post anterior, ...sepa que no deseo que sus manos conozcan el tacto de la esponjilla nanas, el mistol y el parmiggiano hecho fuerte, resisitiendo en lo que vienen siendo "les vores del plat" como diría nuestro común amigo Fermí el culer...
Dicho esto comentarle que el título del post parece un poco un inicio de chiste de nuestra infancia...¿sábeis aquel del alemán, el austriaco el ruso y el gato callejerooooo??..pues eso, creo yo que hasta a las condesas les contarían chistes, imagino que la institutriz inglesa no, ....pero que se yo, el jardinero, el chofer, la cocinera....
En fin..que decirle del Tío Ludwig y el tío Franz...( que por cierto, usted que sabe de esto...¿era gay?...bueno, teniendo en cuenta que era el siglo XIX y no se había inventao lo políticamente correcto ¿ era sodomita?...yo es que si hubiese sido Conde( que no es el caso,...desciendo de una larga estirpe de mortsdegana) hubiese estado todo el santo día de cháchara con la cocinera, el chófer y el jardinero...En cualquier caso, un crack, Schubert...en mi ignorancia musical, comentarle que me llega bastante más que otros.

Un abrazo.

Freia dijo...

Fra Miquel

Para allá voy ahora mismo

Fritus

Lo cierto es que Fasolt tampoco sabe mucho de restregar con el Nanas, que de eso se ocupa el servicio femenino, como casi siempre.
Jajajaja, de eso se trataba un poco mi querido Fritus. Empezaba como un chiste tontorrón de esos de la infancia, sólo que aquí falta el español, de modo que será Vd. quien tenga que poner al ESPANYOL. ¿Lo ve? Así queda mejor. Pues me pilla Vd. in albis, que no sé yo de qué acera era don Paco Schubert. Intentaré informarme al respecto. Es que verá, la cocinera, el chófer, el jardinero no me hablan de esas cosas, pero chafardear chafardeaban, se lo digo yo que me pasé la infancia con ellos.
Sí, opino lo mismo de Schubert que Vd. mi querido amigo, siempre con permiso de mi sordo.
Un abrazo a toda la familia Frita.