Con riñas y locuras
juega a los dados Eros
(Anacreonte)
juega a los dados Eros
(Anacreonte)
Albrecht Dürer (1471-1528). San Jerónimo en su celda. Aguafuerte,1514Biblioteca Nacional de España
(gracias a Biblioteca Digital Hispánica)
La condesa continúa tomando las aguas mientras escribe sus crónicas bretonas, imaginando que es la mismísima Ana de Bretaña paseando por su castillo de Nantes mientras enarbola la bandera blanca y negra de su país. Fasolt y Fafner (o Fermí y Ferran, como prefieran) hace tiempo que se han retirado a dormir y, por fin, en la bitácora reina la tranquilidad perdida hace muchísimo tiempo. Se está bien. Como siempre, me siento al ordenador a horas intempestivas pero muy a gusto. A mi lado, entre el portátil y la impresora una copa de Burmester de un precioso color miel tirando a cognac. Fuera, la temperatura da un respiro después de tres días y a través de los auriculares suena en el lector de discos una música por la que siento debilidad. Se respira serenidad a lo largo de toda la casa.
Ha sido un día curioso, plagado de sensaciones muy diversas. Mañana atareada con asuntos sin importancia pero que había que solucionar y un paseo por calles que no suelo pisar prácticamente nunca. Calles oscuras y no muy limpias, detrás de ese enorme decorado teatral que es la Gran Vía. Calles malolientes incluso, pero que forman parte del Madrid más real y puede que menos agradable. Un Madrid distinto a los museos y las grandes avenidas. Un Ribera que saluda desde la Puerta del Hospicio a pesar de que los años han respetado cada vez menos su grupo central. Calle San Vicente Ferrer, Corredera Baja de San Pablo, calle del Barco o de la Puebla, en la que San Antonio de los Portugueses o de los Alemanes se deja ver insualmente una mañana de agosto, para enseñar con total impudor su vorágine de trazos de Luca Giordano de pies a cabeza. Calle Valverde, cruzando Desengaño. Todo un proscenio de barrio bajo como una herida oculta en la ciudad ilustre que visitan los turistas italianos y japoneses. Música portuguesa, es decir, nostálgica y bellísima, ha acompañado todo el recorrido
Ha sido un día curioso, plagado de sensaciones muy diversas. Mañana atareada con asuntos sin importancia pero que había que solucionar y un paseo por calles que no suelo pisar prácticamente nunca. Calles oscuras y no muy limpias, detrás de ese enorme decorado teatral que es la Gran Vía. Calles malolientes incluso, pero que forman parte del Madrid más real y puede que menos agradable. Un Madrid distinto a los museos y las grandes avenidas. Un Ribera que saluda desde la Puerta del Hospicio a pesar de que los años han respetado cada vez menos su grupo central. Calle San Vicente Ferrer, Corredera Baja de San Pablo, calle del Barco o de la Puebla, en la que San Antonio de los Portugueses o de los Alemanes se deja ver insualmente una mañana de agosto, para enseñar con total impudor su vorágine de trazos de Luca Giordano de pies a cabeza. Calle Valverde, cruzando Desengaño. Todo un proscenio de barrio bajo como una herida oculta en la ciudad ilustre que visitan los turistas italianos y japoneses. Música portuguesa, es decir, nostálgica y bellísima, ha acompañado todo el recorrido
(Anímense a dar al click y ampliar desmesuradamente)
Maria Luisa Baptista fado menor (dr) Voz do Vento. Katia Guerreiro - Nas Mãos do Fado. Ocarina, 2003
Mientras escribo esto y al calor del recuerdo de la voz profunda y perfectamente modulada, una segunda copa de ese oporto amable y lo suficiente envejecido para oler y saber a madera oscura y perfumada y para haber devenido de rojo cereza en tostado frágil, me ayuda a hilvanar lo sentido en la segunda parte de este día curioso y mezclado.
A la vuelta a casa, el regalo en el Facebook de los Durero de la Biblioteca Nacional, gracias a un enlace necesario e imprescindible. Bucear en la Biblioteca digital mientras el rinoceronte o el Adán y Eva nos engullen literalmente por la capacidad de agrandarse y hasta de emitir sonidos. Y a partir de ahí un bombardeo de imágenes y notas para hacer de la tarde algo peculiarmente ecléctico y hermoso. Los grabados de Durero y alguien muy querido llevan a la Melancolía y ésta a la música de Rachmaninov, vistas y escuchadas ahora con ojos y oídos tan distintos a los de hace ocho meses. El pequeño de los Capuçon hace que la habitación se llene de sonidos de cello y de claves de fa.
Sergei Rachmannov (1873-1943). Vocalise.Op. 34, nº 14. Gautier Capuçon, cello y Gabriela Montero, piano. Virgin classics (Emi), 2008
Y después y acto seguido, la lectura detenida de una traducción, trabajada, muy trabajada y hecha por mi querida Aracne Anarkasis, que teje y desteje la urdimbre de un Plinio que desgrana con lucidez, sentido de lo público y de la justicia que para sí quisieran muchos políticos actuales, una serie exhaustiva de esculturas, templos, pirámides, obeliscos o remedios pétreos para curar las enfermedades oculares, evitar el peligro de aborto o las afecciones gástricas. Mientras, el Op. 10 de las sonatas de Beethoven se despereza de la mano de Glenn Gould antes de cederle el paso a esa delicia que es El Niño y los Sortilegios o Mi madre la Oca, de un Ravel en estado de gracia y afortunadamente en el otro extremo del bolero insufrible
L.Beethoven (1770-1827)Sonata n7 en Do mayor, op. 10 n3 - III Menuetto. Allegro. Glenn Gould, piano.Columbia, 1964. Sony Classic, 2007
M.Ravel (1875-1937) - Ma mère l'Oie (mi madre la Oca) - (Apothéose) Le jardin féerique (el jardín de las hadas) Orquesta Filarmónica de Berlín. Dir.: Simon Rattle. Emi, 2009
Justo antes de cenar, una carta amiga inunda el móvil de catedrales, de humildes pero preciosas lantanas, juegos de pelota y agua. Agua de mar, de pequeña cascada, de piscina musical con nombres sonoros: Beethoven, Mozart...
Y después de la cena, la lectura de una entrada de la blogosfera me lleva directamente a un libro por el que guardo querencias literarias y afectivas muy personales. Su autora y yo solo tenemos en común haber sido alumnas del mismo profesor. De ese mismo profesor que a mí me enseñó griego en 5º de bachiller con poemas de Safo y Kavafis que él mismo traducía o con música de Teodorakis que iluminaron como él mis atónitos 14 años, recién salida del barrio para zambullirme en los colores de un instituto que me marcó en los mejores sentidos que uno pueda imaginar.
Los dados de Eros Antología de poesía erótica griega.Introducción, traducción y notas de Aurora Luque. Ed. bilingüe
Poesía Hiperión. Ediciones Hiperión. Madrid, 2000.
Jugaba, diosa Pafia, con Hermíone
la seductora; llevaba un cinturón bordado en flores
con dorada leyenda: Ámame -se leía- con pasión
pero no te entristezcas si otro me posee.
la seductora; llevaba un cinturón bordado en flores
con dorada leyenda: Ámame -se leía- con pasión
pero no te entristezcas si otro me posee.
(Asclepíades)
Y de la poesía de Ibico, Solón o Anacreonte a la música desempolvada de un disco especial, duro y extraño, pero de un curioso valor musicológico.
Autor anónimo ateniense. circa 168 a.C. Primer himno délfico a Apolo. Músique de la Grèce Antique. Atrium Musicae de Madrid. Dir.: Gregorio Paniagua. Musique d'abord. Harmonia Mundi, 1979 y 2000.
El recorrido ha terminado. Los sonidos y las imágenes han ido desfilando, pero nunca mezclados porque sí. Ahora, la noche permite organizar y dar sentido a todo lo que el día aportó sin orden ni concierto. O con más concierto y más orden del que pudiera parecer en un principio. La copa está vacía entre la impresora y el portátil y llega el momento de ir pensando en dormir algo antes de un día preñado de citas que espero con alegría. Un amigo de hace más de treinta años y otro más reciente. Café con uno, quizá un Negroni o un Manhattan con el otro. Y hablaremos de libros y de vacaciones o de ópera y tarea política por venir. Y el afecto asomará detrás de cada uno de ellos con su rostro suave y cómplice, para llenar un pedazo más de este verano perezoso y tranquilo. La serenidad hace tiempo que decidió arroparme junto con el lujo de poder compartir a los que quiero.
Ojalá el otoño pueda llegar con la misma carga lenta y enriquecedora. Pero antes vendrá el mar y el descanso. Y el privilegio de saber que la vida toma café contigo de tanto en tanto. Y sabe tan bien...
Buenos recién estrenados días.
Autor anónimo ateniense. circa 168 a.C. Primer himno délfico a Apolo. Músique de la Grèce Antique. Atrium Musicae de Madrid. Dir.: Gregorio Paniagua. Musique d'abord. Harmonia Mundi, 1979 y 2000.
El recorrido ha terminado. Los sonidos y las imágenes han ido desfilando, pero nunca mezclados porque sí. Ahora, la noche permite organizar y dar sentido a todo lo que el día aportó sin orden ni concierto. O con más concierto y más orden del que pudiera parecer en un principio. La copa está vacía entre la impresora y el portátil y llega el momento de ir pensando en dormir algo antes de un día preñado de citas que espero con alegría. Un amigo de hace más de treinta años y otro más reciente. Café con uno, quizá un Negroni o un Manhattan con el otro. Y hablaremos de libros y de vacaciones o de ópera y tarea política por venir. Y el afecto asomará detrás de cada uno de ellos con su rostro suave y cómplice, para llenar un pedazo más de este verano perezoso y tranquilo. La serenidad hace tiempo que decidió arroparme junto con el lujo de poder compartir a los que quiero.
Ojalá el otoño pueda llegar con la misma carga lenta y enriquecedora. Pero antes vendrá el mar y el descanso. Y el privilegio de saber que la vida toma café contigo de tanto en tanto. Y sabe tan bien...
Buenos recién estrenados días.















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